Pasando el testigo autoritario: la transición de poder en Asia Central

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Tres décadas después de la independencia, las repúblicas centroasiáticas han experimentado recientemente cambios en su liderazgo. Los gobernantes que estaban al frente antes de la disolución de la Unión Soviética, en la mayor parte de los casos, ya no están presentes y son sus sucesores quienes ahora llevan las riendas. La naturaleza autoritaria de dichos regímenes ha llevado a transiciones sin transparencia, pero ya han emergido patrones en la forma que el poder ha cambiado de manos y lo puede seguir haciendo en el futuro.  

Los estados autoritarios de Asia Central, con la excepción de Tayikistán, donde Rahmon lleva en el poder desde 1992, ya han empezado a ser gobernados por una segunda generación. Los gobernantes de la era soviética en Kazajstán, Turkmenistán y Uzbekistán que condujeron a sus países a la independencia y que fundaron sus estados ya no son presidentes. Los casos turcomano y uzbeko tienen similitudes mientras que el escenario kazajo es diferente. Aunque Emomali Rahmon, no estuvo al frente de la República Socialista Soviética (RSS) de Tayikistán y participó en la transición a la independencia, como sí lo hicieron Nursultan Nazarbáyev en Kazajstán, Saparmurat Niyazov en Turkmenistán e Islam Karimov en Uzbekistán, puede se considerado como el último ‘líder de la primera generación’ todavía en el poder.

Los cambios en el liderazgo que han tenido lugar hasta el momento en los regímenes autoritarios de la región arrojan dos métodos en la transición de poder. Por un lado, Turkmenistán y Uzbekistán han sido testigos de la muerte repentina de sus primeros presidentes y su sustitución por gente del sistema en procesos cortos y opacos que tuvieron lugar dentro de sus élites respectivas. Por otro lado, Kazajstán ha experimentado un traspaso de poder gradual que todavía está teniendo lugar en el cual el antiguo presidente ha dimitido pero todavía ejerce la mayor parte de la autoridad en el país. Estos procedimientos son el resultado de las características propias de los países así como de la visión de sus mandatarios.

Autogestión dentro del régimen

Turkmenistán y Uzbekistán han experimentado transiciones opacas tras la muerte de Niyazov y Karimov. Ambos regímenes se han perpetuado a través de personajes que habían formado parte de los gobiernos de sus predecesores y llegaron al poder sin mucha perturbación, afianzándose gradualmente purgando a rivales potenciales. Aunque el proceso en Turkmenistán y Uzbekistán fue similar, existen diferencias debido a la naturaleza de sus regímenes y liderazgos.

La falta de transparencia ha rodeado al régimen turcomano desde su origen y hace difícil analizar en detalle los eventos que llevaron al poder a Gurbanguly Berdimuhamedov. La muerte de Niyazov en el 2006 fue de todo menos clara, y debido a la escasez de información verificable, emergieron diversos rumores sobre su fallecimiento. Sea como fuera, horas después del anuncio oficial del óbito, el entonces vicepresidente y ministro de Sanidad fue nombrado jefe de estado por el Consejo de Seguridad Estatal y el Consejo de Ministros. Este acto iba en contra del orden constitucional según el cual era el presidente del parlamento, Ovezgeldy Atayev, quien debería haber sucedido al presidente. Un espectáculo, en forma de elecciones unos meses más tarde, confirmó a Berdimuhamedov como el segundo presidente en la historia de Turkmenistán.

En el caso turcomano es destacable la celeridad y eficiencia con la cual la élite, reducida tras años de un régimen personalista, se unió y elevó a un candidato inesperado que no era la elección explícita de Niyavoz y tampoco formaba parte de su familia. No hubo ninguna oposición significativa, con Atayev detenido y encarcelado poco después de la muerte de Niyazov. La falta de información hace imposible saber que ocurrió entre bambalinas a finales del 2006, pero lo que está claro que es que alguien del régimen llegó al poder con la connivencia y apoyo de las élites del país.

En Uzbekistán el resultado fue similar aunque el proceso fue diferente debido a un número más amplio de candidatos y centros de poder. Poco después de la repentina muerte de Karimov en agosto del 2016, su primer ministro, que llevaba 13 años en el cargo, Shavkat Mirziyoyev, fue nombrado presidente interino. En un caso parecido al de Turkmenistán, ese papel estaba destinado para el presidente del Senado, que declinó su responsabilidad en favor de Mirziyoyev, en un movimiento de cuestionable validez constitucional. Esta fue la primera batalla en una lucha por el poder entre Mirziyoyev, el ministro de Finanzas Rustam Azimov, y, el considerado como el poder en la sombra, el jefe de los servicios de seguridad, Rustam Inoyatov. En un proceso gradual en el que intervinieron diferentes actores y políticas de clan, Mirziyoyev terminó siendo elegido como presidente y afianzándose en el poder en detrimento de sus dos rivales.

Como en Turkmenistán, el presidente fallecido fue sucedido por alguien de su círculo. Sin embargo, en Uzbekistán, con diferentes centros de poder, clanes políticos y una élite mayor y más heterogénea, el proceso fue más incierto y llevó más tiempo. Transcurrieron meses hasta que Mirziyoyev pudo establecerse con comodidad e incluso todavía hay elementos en su régimen que tiene que equilibrar.

En ambos casos, ni Niyazov ni Karimov tenían planes concretos para su sucesión, lo que llevó a un periodo de incertidumbre y a una sucesión decidida por las élites. Además, sus familias respectivas no fueron incluidas en la transición, de manera voluntaria o involuntaria, y en algunas ocasiones, como en la de Gulnara, la hija díscola de Karimov, su situación empeoró visiblemente. Este último punto, entre otros, es lo que Nursultan Nazarbáyev parece decidido a evitar.

La transición guiada de Kazajstán

Nursultan Nazarbáyev es el único líder una república soviética centroasiática que sigue en el poder, aunque no nominalmente. Acercándose a su octogésimo cumpleaños y habiendo visto lo ocurrido en el vecino Uzbekistán tras la muerte de Karimov, Nazarbáyev decidió actuar para asegurarse que Kazajstán no pasara por lo mismo tras su fallecimiento. Para ello, dispuso que la transición de poder tuviese lugar mientras estuviese vivo; algo nuevo en la política de Asia Central.

En marzo del 2019, Nazarbáyev sorprendió con su dimisión y la convocatoria anticipada de elecciones presidenciales para elegir a su sucesor. Antes de los comicios, señaló al antiguo primer ministro y ministro de Asuntos Exteriores Kassym-Jomart Toyakev como su heredero, algo que fue refrendado en las urnas en unas elecciones en las que no hubo gran competencia. Un tecnócrata, Tokayev es considerado como una figura transitoria, un puente entre Elbasy, como también se conoce a Nazarbáyev, y un jefe de estado a largo plazo.

Aunque Tokayev es el presidente, realmente es Nazarbáyev quien lleva las riendas del poder en el país. A través de su posición, hecha a medida, como presidente del Consejo de Seguridad, Nazarbáyev sigue el frente, y más aún después de las reformas de octubre del 2019 que le dieron más poderes en los nombramientos de puestos claves de la administración en detrimento de Tokayev. Es Nazarbáyev quien desempeña el papel de jefe de estado, asistiendo a las cumbres internacionales en representación de Kazajstán y reuniéndose con sus antiguos homólogos mientras que Tokayev es relegado al ámbito doméstico.

La transición en Kazajstán todavía está teniendo lugar por lo que no se sabe si tendrá éxito. No obstante, dicho proceso está siendo moldeado por el propio Nazarbáyev. De este modo, Elbasy está asegurando la posición y riqueza de su familia en el nuevo régimen que emergerá tras su muerte. Esto incluye el nombramiento de su hija Dariga como presidenta del Senado, lo que algunos observador interpretan como una señal de que podría acabar convirtiéndose en la primera presidenta del país, aunque hay pocas pruebas que lo sostengan. Sin embargo, al asegurar la posición de su familia y su legado como fundador de la República de Kazajstán, Nazarbáyev ha demostrado tener una visión estratégica que sus homólogos centroasiáticos no han tenido de momento.

Sucesión hereditaria, ¿una posibilidad real?

Dos modelos que han emergido hasta el momento en la transición de poder en los regímenes autoritarios de Asia Central: el cambio en Turkmenistán y Uzbekistán desde dentro y el cambio guiado en Kazajstán. Sin embargo, un nuevo método parece estar tomado forma: la sucesión hereditaria. Este es un proceso desconocido en las repúblicas, y para verlo en la región hay que remontarse a principios del siglo XX en el Emirato de Bujará y el Janato de Jiva. No obstante, Tayikistan y Turkmenistán podrían estar en el curso de revivir esta práctica olvidada.  

De entre las repúblicas centroasiáticas, Tayikistán es la única gobernada por alguien que accedió al poder en la década de los 90. Emomali Rahmon ha sido el presidente de Tayikistan desde 1992, incluyendo durante la guerra civil, y parece ser que estaría posicionando a su hijo Rustam como sucesor. Para ello, el vástago de 32 años ha ocupado diferentes puestos en el gobierno tayiko, incluyendo la dirección de la principal agencia anti-corrupción del país, el grado de mayor general y, lo más importante, la alcaldía de la capital, Dusambé. Al mismo tiempo, el parlamento ha aprobado rebajar la edad para ser presidente y parlamentario de los 35 a los 30 años. Las elecciones parlamentarias y presidenciales que se celebrarán en el 2020 serán una piedra de toque para el futuro político de Rustam, e incluso Rahmon podría dar un paso atrás como Nazarbáyev para hacer un hueco a su hijo.

Turkmenistán parece ir en la misma dirección. Serdar, el hijo de Berdimuhamedov, ha estado destinado en diferentes puestos estos últimos años, incluyendo miembro del Mejilis (la cámara legislativa turcomana), viceministro de Asuntos Exteriores y gobernador de la importancia región de Ahal. Su rápida progresión toma más relevancia teniendo en cuenta las dudas acerca del estado de salud de su padre, del que el verano pasado circularon rumores acerca de su muerte.

Mientras que los ascensos de Rustam Emomali y Serdar Berdimuhamedov indican que están siendo preparados para suceder a sus padres, esto sería simplificar la situación. En primer lugar, no está claro si el único objetivo de las acciones de Rahmon y Berdimuhamedov es que sus hijos tomen el poder. Posicionarlos dentro del estado, con suficiente poder para ser relevantes en el caso de cambio de régimen podría ser otra aspiración. Esto actuaría como una póliza de seguro en caso de que otros actores o rivales políticos quisiesen hacerse con sus riquezas y socavar su influencia. En segundo lugar, incluso si su objetivo fuese que sucediesen a sus padres, no está claro que eso fuese a suceder. Una vez desaparezcan las figuras de Rahmon y Berdimuhamedov, incluso si antes de ‘jubilan’ como Nazarbáyev, no se sabe si las élites, aunque muy disminuidas en el caso turcomano en particular, aceptarían sus intenciones y auparían a sus hijos al poder. Por ello, mientras que la sucesión hereditaria sigue siendo una posibilidad en Tayikistán y Turkmenistán, está lejos de convertirse en un hecho consumado.

La transición de poder en los estados autoritarios está siempre rodeada de incertidumbres ya que no se respetan los procedimientos que la regulan debido a la falta de prácticas e instituciones democráticas. Hasta el momento, los regímenes de Asia Central han lidiado con esta situación gracias transiciones rápidas y opacas dentro del sistema, evitando perturbaciones para el estado aunque no necesariamente para los familiares de los antiguos gobernantes. En respuesta a esto, el paso tomado por Nazarbáyev el año pasado abrió una nueva posibilidad al controlar de manera preventiva gran parte de la transición antes de que esta ocurra, aunque ello no garantiza del todo su éxito. Por último, un nuevo método parece estar emergiendo, y este es la posibilidad de una sucesión hereditaria. Esta última estrategia puede ser combinada con la transición guiada, pero esté por ver si se convierte en una realidad y, si así es, si tiene éxito en última estancia.

[Artículo publicado originalmente en Foreign Policy Centre]

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