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Tayikistán, un escudo para China en Asia central

Durante la segunda semana de agosto, tropas chinas llevaron a cabo ejercicios militares junto a efectivos tayikos en el sur de Tayikistán. Una situación que habría sorprendido de haber ocurrido hace una década pero que ahora se ha convertido en algo común. El ejército chino lleva ya unos años en el país y todo hace indicar que no están de visita.

Las maniobras de este verano que tuvieron como escenario la región tayika del Alto Badajshán, donde se dieron cita unos 600 soldados del Ejército Popular de Liberación (EPL) y un número parecido de tropas locales, son el último ejemplo de los crecientes vínculos en materia de seguridad entre Beijing y Dusambé. China está aumentando gradualmente su presencia militar en la nación centroasiática, que representa para el gobierno de Xi Jinping un importante componente de su política de seguridad contra amenazas tanto fuera como dentro de su territorio. Ambos países ya organizaron ejercicios militares en Tayikistán en el 2006 y 2015, pero fue en el 2016 cuándo dieron un paso más allá al desarrollar unas maniobras en las que participaron cerca de 10,000 efectivos, de los cuales unos 200 formaban parte del EPL.

Una cosa son juegos de guerra y ejercicios militares, ya que la presencia física en el terreno es efímera, pero otra es construir una base permanente. Eso es algo que China ya ha hecho, según un informe publicado a principios de año por el Washington Post. Los chinos llevarían ya “tres, cuatro años”, en un complejo militar cerca de las fronteras con Afganistán y China. Además, según parece, ya que los acuerdos entre ambos países no siempre se hacen públicos, China habría recibido el visto bueno para construir o reformar entre 30 y 40 puestos fronterizos a lo largo de la frontera entre Tayikistán y Afganistán.

En un primer momento, parece que Dusambé puede beneficiarse de la ayuda de Beijing en materia de seguridad. China se hará cargo de los puestos fronterizos, ayudará a entrenar a las tropas tayikas y su presencia puede disuadir, o contrarrestar, cualquier amenaza que surja desde Afganistán. Sin embargo, mientras que Tayikistán puede aprovechar la asistencia china, no tiene capacidad de decisión al respecto. La dependencia económica de la nación centroasiática en China, a quien debe cerca de la mitad de toda su deuda externa, fuerza a Tayikistán a ser complaciente con las exigencias de Beijing, le guste o no.

Una vez que no quedan dudas sobre la presencia militar china en Tayikistán, la pregunta es ¿qué hace Beijing allí? Es fácil ver la situación dentro de una política expansionista china, con el objetivo de extender su influencia política y castrense en la región en detrimento de Rusia, como ya ha hecho en materia económica. De ser así, situaría la iniciativa china dentro del cliché del Gran juego, en el que los poderes mundiales competirían por el control de Asica central. Sin embargo, sería un error analizar los acontecimientos bajo ese foco. El principal problema de China es Afganistán y, especialmente, su propia seguridad interna.

El objetivo de China es luchar contra lo que ha denominado como los tres males: el terrorismo, el separatismo y el extremismo religioso. En su provincia occidental de Sinkiang es donde las autoridades creen que esos tres ismos se dan cita con más fuerza. Beijing considera que la desafección pública y los disturbios en dicha región, hogar de la minoría uigur, un grupo étnico túrquico y musulmán, son una amenaza a su control y autoridad. Para contrarrestarlo, el gobierno de Xi Jinping está tratando de borrar de un plumazo la identidad y cultura uigur a través del encarcelamiento de cientos de miles de uigures, y otros grupos túrquicos, en campos de internamiento y la imposición de un estado orwelliano en Sinkiang. ¿Qué tiene que ver Tayikistán en este desafío para Beijing y su lucha contra los tres males?

Tayikistán comparte una frontera de 1.300 kilómetros con Afganistán, un país que sigue luchando con los talibán, la rama centroasiática del Estado Islámico y otros grupos insurgentes. La extensión, el terreno montañoso y la falta de recursos hacen que Tayikistán apenas pueda guardar la frontera. China está intentando evitar que la inestabilidad de Afganistán pase a Tayikistán, afectado a la república centroasiática, y que a su vez llega a China a través de los 500 kilómetros que tienen en común chinos y tayikos. Además, se sabe que uigures, junto con uzbekos y tayikos, combaten en las filas de los talibán en la provincia afgana de Badajshán, enclavada entre los otros dos países, lo que refuerza la narrativa de Beijing.

La presencia militar china en Tayikistán forma parte de una estrategia principalmente defensiva para evitar que la inseguridad llegue a sus fronteras. Con dicho objetivo en mente, China también ha llevado a cabo maniobras con Uzbekistán y Kirguistán, principalmente de carácter antiterrorista. No obstante, como consecuencia de ello, es innegable que Beijing está incrementando su influencia en la región. Aunque Rusia todavía lleva, de manera holgada, la voz cantante en Asia central en términos militares y ha negado oficialmente estar preocupada por los movimientos chinos, no sorprendería si el Kremlin mirase por el rabillo del ojo los avances de las tropas chinas en la región.

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