Las medidas contra el coronavirus en Uzbekistán afectan a los más desfavorecidos

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La mayoría de los países de Asia Central han tomado medidas estrictas para combatir la pandemia del COVID-19. Uzbekistán anunció sus primeros casos del virus el 15 de marzo y respondió rápidamente para prevenir su expansión. Sin embargo, aunque estas medidas son necesarias para mitigar la propagación del coronavirus, el gobierno uzbeko no está teniendo en cuenta el impacto económico y social de las mismas, que afectan especialmente a los sectores de la población en riesgo y de ingresos bajos.

Medidas de cuarentena

La primera ciudad en ser puesta en cuarentena fue la capital, Tashkent, seguida de unas pocas ciudades regionales. El 27 de marzo el gobierno decidió suspender el tráfico, excepto el transporte de mercancías, entre ciudades y regiones. Unos días más tarde, el 30 de marzo se prohibió el tráfico rodado en Tashkent sin un permiso especial que se otorga a servicios esenciales, sanitarios y funcionarios. Aunque esto ha reducido el tráfico, se podía ver a la gente yendo en bicicleta, lo que es poco común en Uzbekistán. No obstante, el 17 de abril el gobierno uzbeko prohibió el uso de bicicletas y scooters en todo el país con el objetivo de reducir la expansión del coronavirus.

Aunque estas medidas son necesarias para evitar la propagación del virus, los líderes gubernamentales deberían tener en cuenta que estas políticas afectan desproporcionadamente a las clases medias y bajas. Los altos funcionarios y empresarios de grandes negocios todavía tienen permitido conducir, un lujo del que no disfruta gran parte de la población. Metros, autobuses y otros medios de transporte público cesaron unos días antes de que se prohibiese el tráfico. Esto deja al desplazamiento a pie como la única opción para los ciudadanos, incluyendo a trabajadores, gente mayor y con discapacidades.

Impacto en las poblaciones con menos recursos

La respuesta a la pandemia es el primer gran examen al que debe enfrentarse el presidente Mirziyoyev tras llegar al poder en el 2016. Mientras que estas medidas de cuarentena puede que frenen la expansión del virus en Uzbekistán, también pueden causar problemas para los sectores de la población en situación de riesgo. Los que pertenecen a este grupo tiene que o bien quedarse en casa sin el dinero necesario para bienes de primera necesidad, y desplazarse a pie para hacer la compra y arriesgarse a contraer el virus o usar sus vehículos y saltarse la ley. Esta última opción parece ser la más popular. En los barrios y regiones con menos recursos, ha habido muchos casos en los cuales la policía ha multado a la gente por conducir o falsificar los permisos necesarios para ello.

Por otro lado, los uzbekos con más recursos no tienen que preocuparse sobre su situación laboral ya que probablemente tienen trabajos estables en la administración o tienen los contactos necesarios para obtener los permisos relevantes. Como poco, tienen los recursos suficientes para pagar las multas por conducir sin permiso. Esto último es lo que parece ser que hacen los uzbekos con más recursos a juzgar por los muchos coches extranjeros (Mercedes, BMW) o modelos de alta gama de Chevrolet (Malibu, Captiva) que pueden verse estos días en las calles de la capital. Las medidas de cuarentena no han hecho sino poner de manifiesto la desigualdad existente en Uzbekistan.

Corrupción

Ozodlik de Radio Free Europe/Radio Liberty, cuya web no es accesible en Uzbekistán, informó recientemente que nacionales chinos que trabajan en la construcción han podido cruzar la frontera sobornando a los funcionarios de aduanas. Si el gobierno de Uzbekistán quiere de verdad ralentizar la expansión del virus, debería actuar contra los funcionarios del gobierno que ayudan de manera ilegal a aquellos que quieren entrar al país.

Un sistema corrupto solamente beneficia a los que ya tienen poder y riquezas, dejando en desventaja a aquellos con menos recursos. Los sobornos a empresarios y funcionarios demuestran su mentalidad de estar por encima de la ley y ponen en riesgo la salud de todos en Uzbekistán. La prioridad debería de ser la vuelta a una cierta normalidad de todos los sectores de la sociedad uzbeka. Sin embargo, la corrupción que facilita la entrada de trabajadores chinos en el país hará que el periodo de cuarentena se extienda más todavía. El Jefe de Inspección Sanitaria, Nurmat Otabekov, dijo que la cuarentena continuará hasta que no se detecten más infecciones durante un periodo de 14 días. Al dejar que entren trabajadores chinos de manera ilegal, el gobierno pone en riesgo el fin de la cuarentena.

Impacto económico

La población en riesgo en Uzbekistán está sujeta a un mayor impacto económico según se extienda la cuarentena. Las Pymes llevan semanas cerradas sin ver la luz al final del túnel. Esto es un problema cuando en ellas trabajan el 76% de los uzbekos. Además, si la cuarentena continúa, se espera que el desempleo suba del 9% al 40%. Si nos atenemos a estos datos, lo menos favorecidos en Uzbekistán serán los más afectados.

Como ocurre en todo el mundo, las clases medias y bajas de la sociedad uzbeka viven de nómina a nómina, y si las Pymes siguen cerradas la situación no hará más que empeorar. En algunos casos, los uzbekos han estado robado comida en los mercados para poder alimentar a sus familias. Situaciones como esta seguirán sucediéndose hasta que el gobierno dé ayudas a los más necesitados.

Los trabajadores de las Pymes son de los peores pagados en Uzbekistán y son los que más sufren según avanza la cuarentena. La mayoría de restaurantes llevan cerrados más de dos semanas. El gobierno uzbeko no ha tomado ninguna medida para proteger a estos individuos y sus familias. De momento, voluntarios apoyados por el gobierno llevan comida a algunas de estas familias en riesgo. Sin embargo, esto no es sostenible en el largo plazo. Como la mayoría de negocios siguen cerrados, buscar trabajo, incluso a tiempo parcial, es imposible, así que estos trabajadores deberán buscar otras fuentes de ingresos en los próximos días y semanas.

En los últimos años, el presidente Mirziyoyev ha trabajado contra la economía sumergida. La pandemia actual amenaza con deshacer todo este trabajo si la gente no es capaz de encontrar trabajo. Por ello, el Uzbekistán de después de la pandemia podría sufrir mas económicamente si el gobierno no toma medidas para proteger a los más desfavorecidos.

Ayuda gubernamental

El gobierno uzbeko ha anunciado recientemente un plan de ayuda a las empresas, medidas que no tienen equivalente para el uzbeko de a pie. Es cierto que Mirziyoyev ha devuelto una ley a los legisladores pidiendo mayores medidas de protección para los sectores en riesgo, pero cuanto más tarde la ley en aprobarse, peor será la situación.

En vez de ofrecer incentivos monetarios a la población, el presidente Mirziyoyev ha pedido a sus ciudadanos que empiezan a cultivar su propia comida y a tener ganado si pueden permitírselo. Sin embargo, crear huertos y comprar ganado requiere dinero, y para aquellos que viven en pisos, como en Tashkent, no se trata de una opción viable. El gobierno uzbeko necesita actuar rápidamente si quieren mitigar el impacto económico de la pandemia.

Conclusión

En los próximos días, el gobierno de Uzbekistán necesita implementar medidas para proteger a los sectores en riesgo de la población, a las clases medias y bajas, de los impactos económicos del coronavirus. A fecha del 18 de abril, esto no ha ocurrido. Al contrario, se anunció que la cuarentena se extenderá tres semanas más hasta el 10 de mayo. Si el gobierno pide más de su población, también debería tener en cuenta la consecuencias para los más desfavorecidos, quienes serán los que ayudarán a Uzbekistán a volver a la normalidad una vez haya concluido la pandemia. Sin ellos, la economía, política y sociedad de Uzbekistán se verán afectadas durante años.

Recomendaciones

  • Proteger a las familias de bajos recursos afectados por el cierre de los negocios y continuar la donación de comida. Aunque ésta medida es útil en el corto plazo, si la cuarentena sigue, se necesitará algo más sostenible
  • Mantener las fronteras cerradas hasta que sean reabiertas oficialmente por el gobierno. Si hay gente que puede entrar en el país sobornado, pone en riesgo a toda la población
  • Aumentar las pruebas de coronavirus. Cuántas más pruebas se lleven a cabo, antes podrá volverse a la normalidad
  • Donaciones de ricos uzbekos y donantes internacionales pueden aliviar la situación del gobierno uzbeko, que podrá concentrarse en ayudar a los más necesitados

A fecha del 24 de abril, Uzbekistán lleva contabilizados 1.778 casos de coronavirus, 8 muertes y 598 altas

Ryan Schweitzer

Estudiante graduado de la Universidad de Columbia, Ryan Schweitzer es en la actualidad investigador Fulbright en Uzbekistán. Sus áreas de estudios incluyen seguridad, formación identitaria y nacionalismo en Asia Central


La opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente las de Blue Domes

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