En los campos de trigo: una obsesión autoritaria

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Las repúblicas de Asia Central han sido moldeadas por la personalidad de sus líderes desde su independencia de la Unión Soviética. Del Kazajstán de Nursultan Nazarbáyev al Uzbekistán de Shakvat Mirziyoyev, los países han desarrollado diferentes estilos de liderazgo. Lejos de ser un bloque monolítico, las repúblicas ofrecen un amplio rango de prácticas y estilos según quien mande. Sin embargo, hay algo que todos los presidentes centroasiáticos tienen en común: su amor por el trigo.

Cielos azules, un campo dorado de trigo y un mandatario sonriente. Los expertos en Asia Central están acostumbrados a ver esta imagen desde hace años. Los diferentes presidentes de Kazajstán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán han protagonizado estas fotografías y todo hace indicar que la moda continuará en el futuro. Además de proveer munición para bromas y memes en las redes sociales, el entusiasmo de los líderes de Asia Central por los cultivos es un recordatorio de que las prácticas propagandísticas soviéticas todavía están presentes en el siglo XXI.

Un legado soviético

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Los mandatarios centroasiáticos deben sus excentricidades en el cereal a sus predecesores soviéticos. Fue Nikita Jrushchov quien posó primera vez para los fotógrafos en un campo de trigo durante la “Campaña de tierra vírgenes”, una iniciativa para cultivar nuevas tierras. Esas imágenes trataban de transmitir una imagen de abundancia y éxito en un momento en el cual el país sufría escasez de alimentos. Desgraciadamente para Jrushchov, el arte de la edición fotográfica no estaba del todo avanzado entonces, algo de lo que los líderes en Asia Central sí se benefician en la actualidad. Leonid Brézhnev continuó las prácticas propagandísticas de su predecesor.

Dado que el amor autoritario por el trigo tuvo su origen en la URSS, no sorprende que sus sucesores fuera de Asia Central también hayan caído bajo los encantos del cereal. El bielorruso Alexander Lukashenko e incluso al propio Vladimir Putin destacan entre aquellos que han sucumbido. Sin embargo, son los líderes centroasiáticos quienes han perfeccionado este arte.

Un arte centroasiático

Al igual que sus predecesores soviéticos antes que ellos, los mandatarios de Asia Central han usado dichas imágenes como parte de su propaganda para mostrar a sus países respectivos como una tierra de abundancia, donde las cosechas son abundantes y nadie pasa hambre. Para ello, los presidentes tienen a su disposición un amplio rango de disfraces: desde trajes burocráticos con su corbata a chaquetas informales y looks rurales de camisas a cuadros. Luego está la pose. Algunos se muestran erguidos, mientras que otros juegan con el grano o sujetan un ramo de paja. En la mayoría de los casos el presidente es el único en la foto, aunque a veces está acompañado de ministros o incluso jornaleros. Y luego está la edición fotográfica, una herramienta útil en la propaganda que no siempre se usa bien, resultando en algunos casos en anormalidades anatómicas.

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Hasta la fecha, todos los mandatarios presentes y pasados de Kazajstán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán han sido inmortalizados en campos dorados de trigo. Los líderes kirguizos no se encuentran en la lista. Kirguistán puede ser considerada como una democracia imperfecta y el autoritarismo no se ha hecho con el país. A menos que aparezcan imágenes de presidentes kirguizos guardadas hasta entonces en un oscuro cajón, no parece haber pruebas de que hayan seguido la moda agraria de sus vecinos. El amor al trigo parece ser una tendencia autoritaria. En una democracia es probable que dichas imágenes prefabricadas y pasadas de moda fuesen recibidas con una mezcla de incredulidad y mofa. Sin esa crítica, y con la ayuda de oficiales de propaganda trasnochados, dichas imágenes continúan emergiendo periódicamente para el entretenimiento de usuarios de todo el mundo.

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La obsesión con el trigo no se limita a las fotos. Se han construido monumentos al cultivo en la región y éste tiene también su propia literatura panegírica. El presidente de Turkmenistán, conocido por su prolífica trayectoria literaria, dedicó recientemente un poema al cereal. Es irónico que la vez que alaba al trigo prohíbe a sus ciudadanos su cultivo a favor del algodón, lo que lleva a que su país tenga que importar grano kazajo.

Las cosas están cambiando en Asia Central. Uzbekistán se está abriendo al mundo, la sociedad civil está despertando en Kazajstán y la pandemia actual está desafiando a los gobiernos. Pero podemos estar seguros que, en un futuro próximo, la obsesión por el trigo continuará floreciendo bajo los regímenes autoritarios de la región. Porque, tal y como escribió el líder turcomano, “cuando cosechas el trigo con tus propias manos o al volante de una segadora-trilladora, sentimientos especiales despiertan en tu alma”.

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