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¿Se resignará Jeenbekov a su nuevo rol?

Jubilarse a los 61 años puede ser algo que muchos no vean con malos ojos. Pero en Kirguistán hay un hombre al que obligaron dejar su trabajo a esa edad pero que preferiría seguir trabajando, especialmente dado que ese trabajo es el de presidente. Sooronbai Jeenbekov fue derrocado sin haber llegado a cumplir ni la mitad de su mandato de seis años. Mientras que todas las miradas están ahora puestas en su sucesor, Sadyr Japarov, hay una pregunta que todavía no tiene repuesta: ¿qué hará ahora Jeenbekov?

Tras una trayectoria política de casi tres décadas, Jeenbekov está en el paro. El expresidente empezó su andadura como un diputado anónimo a mediados de los 90 para luego llegar a ser ministro de Agricultura (2007), gobernador de la región de Osh (2010-15), primer ministro (2016-17) y, finalmente, presidente (2017-20), entre otros cargos.

Su mandato como presidente llegó a su fin antes de tiempo por las protestas que se sucedieron tras las elecciones parlamentarias de este año. Los disturbios llevaron al poder a Japarov, que primero se convirtió en primer ministro y, tras la dimisión de Jeenbekov, en presidente interino. La salida de la escena política de Jeenbekov no fue voluntaria, siendo forzada por los eventos de los que se aprovecharon Japarov y sus seguidores, incluyendo el crimen organizado. Tras perder la batalla, el sexagenario dimitió. ¿Pero es este el fin de Jeenbekov?

Adictos al poder

Una vez se alcanza el poder, es difícil dejarlo a un lado, tal y como han demostrado los predecesores de Jeenbekov. Con la excepción de la interina Roza Otunbayeva, ninguno de los presidentes kirguizos lo han dejado de manera voluntaria. Tanto Askar Akayev como Kurmanbek Bakiyev fueron derrocados por sendas revoluciones en 2005 y 2010, mientras que Almazbek Atambayev sí dejó la presidencia pero intentó controlar el país a través de su sucesor, Jeenebkov. Éste sin embargo, lejos de ser una marioneta dócil, se rebeló contra su mentor, que acabó en la cárcel.

¿Seguirá Jeenbekov la senda de sus predecesores y, tras al golpe inicial, intentará continuar involucrado en la política kirguiza? Al contrario que Akayev y Bakiyev, no ha tenido que abandonar el país, y sigue en libertad, no cómo Atambayev.

Mirando al futuro

En el momento de escribir este artículo, Sooronbai Jeenbekov parece estar acabado. Su fracaso a la hora de lidiar con los problemas del país llevó a su caída. No le quieren ni Japarov y sus seguidores ni la oposición que lideró gran parte de las protestas ni el público en general. Parecería que su tiempo en la política ha llegado a su fin y que cualquier intento por revertir la situación está destinado al fracaso.

Sin embargo, hay preguntas que todavía no tienen respuesta. La primera de todas, ¿cuáles son sus intenciones? Sólo él y su círculo más íntimo saben cuáles son. ¿Peleará por volver o ha decido abandonar toda búsqueda del poder? Si se decide por la primera opción necesitaría el apoyo de sus seguidores. ¿Cuántos de ellos, en su base de la región meridional de Osh, acudirían a su llamada? Otra opción sería involucrase indirectamente usando terceras personas, como su hermano Asylbek que fue candidato en las elecciones. Dado que Jeenbekov parece no contar con el apoyo de la mayor parte de la sociedad y que es relativamente impopular, sería una alternativa a explorar.

Hacer predicciones sobre la política kirguiza es una tarea prácticamente imposible. El tiempo dirá cuáles son los planes de Jeenbekov para el futuro. Se jubile o intente volver, parece claro que su rol en la historia reciente de Kirguistán ha tocado a su fin. Pero no se debe descartar nada. Al fin y al cabo, esto es Kirguistán.  

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