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El trágico destino del último jan de Jiva

De jan marioneta en su Jiva natal al hambre y la pobreza en Ucrania, la vida de Sayid Abdulá, el último gobernante del janato, es un trágico relato desconocido incluso para los interesados en la historia de Asia Central.

El Janato de Jiva está en cierta medida eclipsado por la fama de su vecino, el janato, y más tarde emirato, de Bujará. Sin embargo, este Estado que ocupó el territorio conocido históricamente como Jorasmia, a caballo entre Turkmenistán y Uzbekistán, tiene su propio interés. Fundado en el siglo XVI, en Vazir en vez de en Jiva, el janato fue una entidad independiente y soberana durante más de tres siglos.

En el siglo XIX Jiva se convirtió en uno de los focos del Gran Juego, y cautivó la imaginación de muchos tras el libro A Ride to Khiva, del militar y aventurero británico Frederick Burnaby. Sin embargo, por entonces el janato había dejado de ser independiente, ya que en 1873 pasó a ser un protectorado dentro del Imperio ruso, lo mismo que le sucedió a Bujará. A pesar de ello, los jivanos retuvieron cierta autonomía y, entre otros aspectos, continuaron siendo gobernados por sus janes.

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Isfandiyar Jan (1911)

La inestabilidad que plagó Rusia durante la década del 1910 también estuvo presente en Jiva. Tras la Revolución de Febrero, un grupo de reformistas llamados los Jóvenes Jivanos presentaron a Isfandiyar Jan, el soberano, una lista de exigencias que incluían la introducción de una asamblea representativa y la limitación de los poderes del jan. Isfandiyar no tuvo otra opción que dar su consentimiento. Sin embargo, el gobierno de los Jóvenes Jivanos apenas duró. Cinco meses más tarde, en septiembre de 1917 fueron derrocados por fuerzas reaccionarias y un líder militar turcomano, Yunaid Jan, hizo su entrada en la ciudad.

Isfandiyar nombró a Yunaid jefe de sus ejércitos pero el turcomano albergaba otros planes. En octubre de 1918, hizo ejectuar al jan de Jiva en su palacio de Nurulá. Es en este momento cuando Sayid Abdulá entra en la Historia. A pesar de ser el gobernante de facto, Yunaid subió al hermano de Isfandiyar al trono como jan nominal. El nuevo soberano no era más que una mera marioneta sin autoridad y su papel era puramente ceremonial. Siglos antes, Amir Timur (Tamerlán) había hecho algo parecido con los descendientes chagatayidas de Gengis Jan. Algunas tradiciones no cambian nunca.

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Palacio de Nurulá

El gobierno de Yunaid, y por lo tanto la etapa de Sayid Abdulá como jan, fue breve. El generalísimo turcomano fue derrotado por los bolcheviques en 1920 y terminó por huir, dejando a Sayid Abdulá a la merced de los rojos. A pesar del revés, Yunaid siguió en la región y acabó convirtiéndose en uno de los basmachis más destacables, luchando contra los soviéticos hasta la década de los 30. Sayid Abdulá no tuvo tanta suerte.

Un exilio proletario

Meses después de su abdicación, tras un reinado de algo menos de dos años, en junio de 1920 el jan y su familia fueron juzgados por los bolcheviques. El veredicto no debió de sorprender a nadie: Sayid Abdulá y siete varones de su familia con derecho al trono (dos hijos, dos hermanos y tres sobrinos) fueron desterrados y todas sus propiedades confiscadas. Este fue el comienzo del largo exilio del jan.

Tashkent, Samara y Moscú fueron las tres primeras etapas de su nueva vida. En la capital rusa pasaron por tres campos de prisioneros diferentes. No fue hasta 1922 que llegaron a Ucrania, donde, ya en 1924, se asentarían definitivamente en la ciudad de Krivói Rog .

La vida de los jivanos en la República Socialista Soviética de Ucrania estuvo plagada de privaciones. No todos ellos consiguieron un trabajo, con el idioma siendo una barrera más, y los que lo lograron tuvieron que hacer frente a largas jornadas laborales. Sayid Abdulá, por ejemplo, terminó siendo vigilante nocturno en la mina local, donde todos vivían en barracas. De jan a guarda, de palacios suntuosos a habitaciones comunales abarrotadas. Es difícil hacerse a la idea de lo duro que todo ello fue para Sayid Abdulá.

Otros, como los hermanos del jan, el sordo Ibadulá y el septuagenario Muhammadyar, no tuvieron tanta suerte y acabaron pidiendo limosna en las calles, donde el primero fue atropellado por un camión. Los familiares que se quedaron atrás en Jiva corrieron una suerte parecida. Los miembros de la dinastía que durante más de un siglo había gobernado el janato dependían de la caridad para sobrevivir.

Cuando los exiliados se enteraron del sufrimiento de su familia en Jiva, pidieron poder volver a casa. Pero Moscú rechazó su petición.

La hambruna que asoló la RSS de Ucrania en la década de los 30 dio el golpe de gracia a Sayid Abdulá. En 1933 enfermó de disentería y falleció en el hospital de la mina. Su cuerpo no fue enterrado en los mausoleos alicatados de sus antepasados sino en una tumba anónima del cementerio de la mina. Tenía en torno a 60 años. Con él murió el último jan de Jiva, que reinó menos de dos años, aunque fuese nominalmente, y pasó 13 en el exilio. Un trágico final poco digno de un jan.

Nota: en 1933, tras la muerte de Sayid Abdulá, se permitió a los exiliados volver a casa. Los hijos del jan y su hermano mayor se asentaron en Tashkent, mientras que los hijos de éste último decidieron quedarse en Krivói Rog.

File:View from the city walls, Khiva (4934484894).jpg - Wikimedia Commons

Para saber más sobre el exilio de Sayid Abdulá: https://m.day.kyiv.ua/ru/article/obshchestvo/posledniy-han-horezma-stal-zhertvoy-golodomora

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