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Derechos LGBT: Uzbekistán arruina su propia campaña de RR.PP.

Tras años creando una imagen positiva en el extranjero desde la llegada al poder de Shavkat Mirzyoyev, el trato dado en Uzbekistán al colectivo LGBT puede dar al traste con su estrategia de relaciones públicas.

El 29 de marzo, un activista y bloguero uzbeko recibió una paliza por parte de tres individuos. Este hecho tuvo lugar horas después de que su evento para seguidores del anime japonés y K-Pop fuese disuelto en un plaza pública por un grupo de manifestantes gritando “Dios es grande”. ¿La razón detrás de todo ello? El apoyo del bloguero a los derechos LGBT.

La policía uzbeka hizo poco para dispersar a los manifestantes, algo sorprendente ya que las autoridades no permiten este tipo de reuniones. El estado de Miraziz Bazarov, que acabó en el hospital, al igual que los vídeos de un grupo de hombres gritando “Alahu akbar” en el centro de Tashkent son suficientes para dañar la reputación de Uzbekistán. Sin embargo, fue la reacción posterior de las autoridades que están poniendo en riesgo la imagen del país.

Declaraciones contra el colectivo LGBT

El día después del ataque, Komil Allamjonov, presidente del consejo de la Fundación Pública para el Desarrollo de los Medios y antiguo secretario de prensa del presidente Mirziyoyev, compartió su opinión en un notorio twit:

Llamando al colectivo LGBT “hombres y mujeres antinaturales”, echando la culpa a Bazarov del ataque y mezclando valores islámicos con la democracia, el video de Allamjonov es un ataque no sólo a los derechos LGBT sino también a los principios democráticos. Usando argumentos erróneos y falaces, justifica implícitamente la criminalización en Uzbekistán de las relaciones sexuales entre hombres. Parece olvidar que Uzbekistán es un país laico y, como tal, la religión debería separarse del Estado. Merece la pena destacar que el vídeo de Allamjonov tiene subtítulos en inglés, lo que indica que está destinado al público extranjero.

Del mismo modo, cinco diputados nacionales también expresaron su opinión al respecto. Mientras que condenaron el comportamiento de los manifestantes y la paliza a Bazarov, dejaron un número de citas preocupantes, tales como:

“El problema LGBT es contrario a nuestra legislación, los valores de nuestra gente, nuestra sagrada religión. Personalmente, estoy en contra de la abolición de la prohibición que define la ley.”

“Desafortunadamente, tenemos una oveja negra en la familia. Las acciones de algunos de ‘nuestros chicos’ [homosexuales] devalúan su hombría, y son vergonzosas. Los homosexuales ya están castigados por Dios, ¿pero qué les pasa a aquellos que apoyan su propaganda para legalizar el matrimonio homosexual? ¿Puedes llamarlos hombres, son los hijos de mi pueblo?”

“La patria, que hoy en día es respetada en todo el mundo, castigará a esa [gente] impía, cortará lazos familiares con ellos y finalmente les rechazará y condenará”

“La libertad de expresión no significa diseminar ideas inhumanas. Por ello, aquellos que promocionan ideas LGBT no pueden tener ninguna justificación”

¿El ‘nuevo Uzbekistán’?

Desde la subida al poder Mirziyoyev en 2016, Uzbekistán se embarcó en una ambiciosa campaña de relaciones públicas para mostrar al país como una nación reformista. Atrás quedaba atrás el aislacionismo del régimen previo.

El sector turístico ha sido uno de los principales caballos de batalla usados con este objetivo. La abolición de visados ha ido acompañada de artículos laudatorios en medios internacionales, como The Telegraph o The New York Times. Uzbekistán es ahora un país amigable deseando recibir a los turistas.

Esta apertura también ha tenido lugar a un nivel político. Los diplomáticos uzbekos en el extranjero se esfuerzan en mejorar la imagen del país, reuniéndose con la sociedad civil allá donde estén destinados y no dudan en invitar a legisladores extranjeros para que visiten Uzbekistán. Del mismo modo, este nuevo rol se ha visto recompensado con la elección del país para el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, algo que parece cuanto menos discutible.

Las autoridades también han avanzado en su retórica reformista. Uzbekistán, dicen en los medios internacionales, progresa adecuadamente. Para ello han acometido acciones llamativas para justificar su narrativa como la clausura de la prisión de Jaslyk. Uzbekistán tiene ahora una cara más amable.

Una pesadilla (a corto plazo) de relaciones públicas

Todo los esfuerzos e iniciativas mencionadas están siendo eclipsadas por el trato del país al colectivo LGBT. Antes de esta semana, Uzbekistán tenía un pobre bagaje en el tema. Es uno de los 73 países en el mundo que criminalizan las relaciones privadas y consentidas entre individuos del mismo sexo. En el caso uzbeko, el artículo 120 de su código penal hace que las relaciones sexuales entre hombres estén penadas con hasta tres años de prisión. A pesar de ello, Uzbekistán había evitado que esto afectase a su reputación internacional. Hasta ahora.

¿Qué dirán las autoridades uzbekas si se les pregunta sobre la paliza a Bazarov, las palabras de Allamjonov o la criminalización de relaciones entre homosexuales? Hablarán sobre tradiciones y valores, sobre la opinión de la sociedad, pero dichas palabras no deberían engatusar al observador extranjero. Los derechos LGBT son derechos humanos, y cualquier ataque a ellos son también un ataque a los DD.HH.

Conviene destacar que el presidente Mirziyoyev no se ha pronunciado, de momento, sobre el tema. Sin embargo, lo ha hecho indirectamente. ¿O acaso habría publicado Allamjonov su vídeo sin permiso de arriba? Del mismo modo, los diputados, pertenecientes a tres de los cinco partidos en la cámara baja, no hacen declaraciones de este tipo por iniciativa propia. Dado que el parlamento, y sus partidos, son un instrumento del estado, parece que estamos ante una campaña coordinada. Lo que estamos viendo podría definirse como homofobia de estado.

Siendo realistas, es de esperar que la reputación de Uzbekistán se reponga de este episodio y de su trato del colectivo LGBT. Lo contendrán, como han hecho hasta este momento, y tratarán de distraer la atención con otros temas. Sin embargo, el tema debería estar en la agenda de los países y organizaciones que traten con Uzbekistán para evitar que caiga en el olvido y, en el mejor de los casos, pueda mejorar la situación del colectivo.

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