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Tras consolidarse en el poder, al presidente kirguizo le toca gobernar

Unos meses después de salir elegido, el presidente de Kirguistán se apuntó otra importante victoria tras la aprobación del referéndum constitucional que le otorga más poderes. Habiendo logrado sus objetivos en cuanto a lo que el poder se refiere, ha llegado la hora de que resuelva los problemas del país. Sin embargo, existen interrogantes acerca de su habilidad para hacerlo.

El 11 de abril, el pueblo kirguizo acudió a las urnas para votar en los comicios locales y, más importante si cabe, para la aprobación de una nueva constitución propuesta por el presidente, Sadyr Japárov. Esta nueva carta magna dotaría al mandatario de nuevos poderes, en detrimento del parlamento, y le permitiría disfrutar de un segundo mandato. No sorprende por lo tanto que los críticos se refieran a ella como la “janstitución”, con Japárov como nuevo jan.

Tal y como era de esperar, el referéndum fue aprobado. Cerca del 79% de los votantes respaldaron la nueva constitución. Sin embargo, al igual que sucediese en las elecciones presidenciales, dicho dato puede ser engañoso. La participación a duras penas alcanzó el 37%, por lo que apenas 1,3 millones de los 6,5 millones de kirguizos dieron su visto bueno a los cambios. No se puede decir que estemos ante un clamor popular.

¿Y ahora qué?

Los resultados del referéndum suponen la culminación del meteórico ascenso al poder de Sadyr Japárov. En apenas seis meses, ha pasado de estar preso a presidente y a dictar, en cierta medida, la nueva constitución del país. En ese periodo también ha sido primer ministro y presidente interino. Una historia de éxito personal que no está exenta de polémica.

Ahora que Japárov tiene, de momento, una posición estable al frente de Kirguistán debe centrar su atención en solucionar los problemas del país. En sus primeros meses como presidente visitó, como es habitual, Moscú, al igual que Tashkent y Nur-Sultan, centrado como estaba en cimentar su poder. Aparte de un éxito relativo a la hora de demarcar fronteras con Uzbekistán, Japárov no ha hecho nada significativo durante su mandato. Ha llegado la hora de que gobierne.

Kirguistán, como muchos otros países, ha sufrido los estragos de la pandemia. Su economía, ya endeble antes de la enfermedad, se ha visto severamente afectada. El PIB de Kirguistán cayó en 2020 entre un 4,6% y un 10%, dependiendo de las fuentes. Una fuerte bajada en las remesas de su población en el extranjero, la falta de turismo y la inestabilidad política que alzó a Japárov al poder han contribuido también a esta situación. ¿Puede el presidente dar un impulso a la economía? Dada la magnitud del problema, su falta de experiencia y su retórica populista, que puede asustar a inversores extranjeros, es más que dudoso.

A parte de la economía, Kirguistán tiene otro importante frente abierto: China. ¿Podrá Japárov mantener una buena relación con Pekín al mismo tiempo que apacigua a los sectores nacionalistas de la sociedad que le brindaron su apoyo? ¿Podrá tranquilizar a los empresarios chinos all la vez que mantiene a raya los brotes de sinofobia? A esto hay que añadirle el pago de los 1.800$ millones (cerca del 40% de su deuda exterior) que Kirguistán debe al Banco de Exportación e Importación chino. Esto podría lograrse, parcialmente, a través de concesiones mineras e incluso en el sector energético. Mantener el equilibrio en las relaciones sino-kirguizas es todo un desafío.

Además, existen otros problemas sociales que han sido una constante en Kirguistan, tales como la corrupción, los lazos entre la política y el crimen organizado y el ‘secuestro de novias.’

Sadyr Japárov es el presidente kirguizo que más poder acumula desde los tiempos de Askar Akayev (1991-2005) y Kurmanbek Bakíyev (2005-2010), ¿pero compartirá su mismo destino? Ambos fueron derrocados tras sendas revoluciones.

Kirguistán tiene numerosos problemas, siendo aquellos descritos en párrafos anteriores una selección. Si Japárov no los resuelve, empezará a perder apoyos. Cómo todo populista, Japárov ha hecho promesas que son difíciles, si no imposibles, de cumplir. Cuando no pueda hacer valer su palabra, y si la situación en Kirguisán no mejora, su posición se verá comprometida. A pesar de disfrutar de más autoridad que sus predecesores inmediatos, la sociedad kirguiza ha demostrado que no dudará en alzarse y, si es necesario, derrocarle.

Japárov es ahora, al menos públicamente, el hombre más poderoso de Kirguistán. Es hora de que se ponga manos a la obra para mejorar la vida de sus ciudadanos. De lo contrario el pueblo kirguizo podría mostrarle la salida antes de lo esperado.

1 comment on “Tras consolidarse en el poder, al presidente kirguizo le toca gobernar

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