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Nader Shah y la conquista de Asia Central

El siglo XVIII fue testigo de las hazañas de un genio militar que emergió de entre las ruinas de la Persia safávida para conquistar un imperio que se extendió del Cáucaso al Indo. De origen turcomano y de la tribu Afshar, Nader Shah también llevó sus ejércitos más al norte, a los janatos de Asia Central que en el pasado amenazaron al estado safávida. Ni Bujará ni Jiva pudieron oponer resistencia a las tropas experimentadas de Nader Shah y sucumbieron a su dominio de la pólvora.

Nader Shah (r. 1736-47) es uno de aquellos personajes que raramente aparecen en la historia de un país. Desde unos orígenes humildes, ascendió en el ejército para convertirse en el generalísimo durante los últimos años de la dinastía safávida antes de coronarse a sí mismo. Modernizó y profesionalizó el ejército y lideró a sus tropas en grandes batallas contra enemigos numéricamente superiores, ya fuesen afganos, otomanos o mogoles.

Nader Shah

Tras extender las fronteras de Persia en el oeste, a costa del Imperio otomano, y saquear las riquezas de Delhi, de lo cual los mogoles nunca se recuperarían, Nader centró su atención en Asia Central. Su relación con la región venía de lejos. Nader Shah nació y vivió en el Jorasán, cerca de la actual frontera entre Irán y Turkmenistán. Durante sus primeros años en el ejército tuvo que enfrentarse en múltiples ocasiones a incursiones de tribus turcomanas. De hecho, se dice que durante su adolescencia fue capturado por bandidos turcomanos y, sea cierto o no, fue liberado después de convencer a los esclavistas de las ventajas de una futura colaboración. Además, Nader Shah era de sangre túrquica, un hecho que se manifestó en sus interacciones con los gobernantes safávidas y mogoles, con quienes prefería hablar en la lengua túrquica en vez de en persa. Su modelo a seguir no era otro que Amir Timur (el Tamerlán de Occidente).

En 1740, en la cresta de la ola tras haber derrotado a los mogoles, la Espada de Persia centró su atención en el Turkestán.

Asia Central a mediados del siglo XVIII

Antes de que se produjese la invasión de Nader Shah, el sur de Asia Central llevaba ya tiempo inmersa en un periodo de fragmentación política y declive.

El Janato de Bujará, el mismo estado que bajo los shaibánidas amenazó a la Persia safávida y que todavía florecería a principios del siglo XVII, había visto decrecer su poder. Tal había sido el cambio experimentado por el janato que en 1681 el vecino estado de Jiva llegó a ocupar la ciudad de Bujará. Los janes se mostraban incapaces de controlar el poder de sus amires, quienes gobernaban de facto de una manera independiente sus territorios y no dudaban en rebelarse e incluso asesinar janes. Abu al-Fayz Jan (r.1711-47) llegó al trono tras el asesinato de su hermano Ubaidulá y tuvo que lidiar con una importante revuelta que instauró a un jan marioneta en Samarcanda. En el momento de la invasión de Nader Shah, Abu al-Fayz Jan apenas podía imponer su autoridad fuera de la capital.

La situación más al oeste, en el Janato de Jiva, no era del todo mejor. Aunque para entonces ya había logrado un cierto grado de estabilidad política, después de que entre 1703 y 1704 hasta cinco janes diferentes ocupasen el trono, no podría hacer frente a la superioridad militar y tecnológica de los persas.

Un aviso

Aunque Nader Shah no invadiría Asia Central hasta 1740, un par de años antes uno de sus hijos ya llevó a cabo una campaña, sin su autorización, al otro lado del río Oxus (el Amu Darya actual). En 1736, Nader dio instrucciones a Reza Qoli, su primogénito, para que sofocase una rebelión en Andjoy y Balj (Afganistán). Para asegurarse el éxito de Reza Qoli, su padre envió con él a uno de sus comandantes más fiables y leales, Tahmasp Jan Jalayer.

Tras cumplir con su misión al sur del Oxus en 1737, Reza Qoli decidió cruzar el río con su ejército compuesto por 8,500 efectivos y conquistar nuevos territorios. En vez de frenar el ímpetu del joven, como esperaba Nader, Tahmasp Jan Jalayer se puso del lado del príncipe. Los persas se adentraron entonces en el territorio del Jan de Bujará, Abul al-Fayz Jan.

Reza Qoli, a quien su padre más tarde mandaría cegar

Reza Qoli procedió a sitiar la ciudad de Karshi (Uzbekistán), un importante asentamiento para el Janato de Bujará. Abu al-Fayz Jan hizo un llamamiento a las armas por toda la región, desde Jorasmia en el oeste a Tashkent en el este, pasando por Samarcanda y Juyand. Ambos ejércitos se enfrentaron a las afueras de Karshi. La carga inicial uzbeka hizo retroceder a los persas, pero entonces entró en juego la artillería, uno de los activos más importantes de Nader Shah. Desacostumbrados al uso de los cañones a tal escala, tanto hombres como bestias del lado uzbeko se vieron sorprendidos y muchos perdieron la vida. Avasallados por el fuego artillero, se retiraron a Karshi.

Reza Qoli, que a la sazón contaba con apenas 19 años, había logrado una importante victoria pero su felicidad duró poco. Un mensajero llegó al campamento persa con un mensaje muy claro de Nader Shah: debían retirarse al sur del Oxus, so pena de muerte para Tahmasp Jan Jalayer. Al joven y al veterano no les quedó otra que cumplir las órdenes del shah. Levantaron el sitio y abandonaron Transoxiana. Nader también envió un mensaje al jan de Bujará asegurando que respetaba su soberanía. Al menos de momento. Sería Nader, y no su hijo, quien conquistaría la tierra de Tamerlán cuando lo estimase oportuno. Suya sería la gloria.

La capitulación de Bujará

Tras derrotar al Imperio mogol y anexionarse los territorios al oeste del río Indo, Nader Shah decidió que el momento era propicio para conquistar Asia Central. En julio de 1740, después de que un equipo de artesanos enviado desde la India construyese un puente sobre el Oxus, un destacamento persa cruzó al río a la altura de Kelif (Turkmenistán). Mientras tanto, Nader Shah marchó junto la mayor parte del ejército por la otra orilla, llegando primero a Kerki y más tarde a Charjuy (Turkmenabat actual). Fue en Charjuy donde se construyó otro puente y, finalmente, el shah y sus tropas cruzaron el río. Era el 6 de septiembre.

Cuando Abu al-Fayz Jan se enteró de la invasión envío a su atalik (puesto principal en la corte) Muhammad Hakim, una figura poderosa en el janato, a Nader para evitar el conflicto. Sin embargo, el conquistador ordenó que debería ser el propio jan quien fuese a verle en persona para a rendirle pleitesía. Abu al-Fayz Jan quiso acceder a la petición del shah pero tuvo que hacer frente a oposición dentro de la corte. Una fuerza uzbeka se había congregado en Bujará requiriendo al jan combatir al invasor para vengar la derrota infligida en 1737 por Reza Qoli. La guerra estaba servida.

El Arq de Bujará, residencia de los janes

El jan de Bujará aguardó con sus tropas en Karakul, a medio camino entre Charjuy y la capital. Lo que ocurrió entonces no está claro. Algunas fuentes indican que se produjo una batalla, pero otras no mencionan combate alguno. Según Axworthy, es posible que se produjese una escaramuza por parte de algunos uzbekos y que éstos fuesen repelidos por la artillería persa. Eso fue suficiente para que los uzbekos admitiesen que toda resistencia era inútil. Abu al-Fayz Jan capituló.

Nader Shah permitió que el jan continuase en el trono como vasallo, y los persas se anexionaron todos los territorios al sur del Oxus. El shah acuñó moneda en Bujará y su nombre fue mencionado en las mezquitas del janato. Sin embargo, Nader no permitió que Bujará fuese saqueada por sus tropas.

A raíz de la admiración que Nader sentía por Tamerlán, ordenó que se retirase la lápida de jade que cubría su tumba en Samarcanda. La quería para su propio mausoleo en Mashhad. Un acto simbólico del que se arrepentiría más tarde. En el trayecto, el jade se partió en dos, y cuando el shah lo vio en Mashhad ordenó que se llevase de vuelta a Samarcanda. Caprichos de conquistador.

Un asunto familiar

La toma de Bujará le brindó a Nader la posibilidad de incorporar la sangre de Gengis Jan a su linaje. La dinastía Janid que gobernaba Bujará se remontaba en su origen a Jochi, el hijo mayor del conquistador mongol. Abu al-Fayz Jan no pudo oponerse cuando Nader Shah le pidió la mano de dos de sus hijas para su hijo Reza Qoli y su sobrino Ali Qoli, quienes a menudo competían por el favor del shah. El primero debía casarse con la hija mayor del monarca, el segundo con la menor. Al oír Reza Qoli que la más joven era más bella e inteligente que la mayor, pidió a su padre que invirtiese el compromiso. Nader se negó y cuando su hijo amenazó con no desposarse, tomó una decisión salomónica: sería él, Nader Shah, quien se casaría con la hija mayor en vez de Reza Qoli.

Antes de desposarse con la hija del jan de Bujará, el shah y su familia ya estaban relacionados con Tamerlán debido a la boda de otro de sus hijos, Nasrolá, con la hija del emperador mogol. Ahora quedaban emparentados también con Gengis Jan. El linaje del humilde turcomano formaba parte ahora de las familias de los dos grandes conquistadores de Asia Central.

La caída de Jorasmia

Después de conquistar Bujará, Nader centro su atención en Jorasmia, donde se encontraba el janato de Jiva. Su capital tenía una larga tradición esclavista, con los persas representando la mayoría de los cautivos capturados por los turcomanos que eran después vendidos en Jiva. Nader envió mensajeros a Ilbars II, jan de Jiva, pidiendo que le rindiese vasallaje. Si Ilbars hubiese conocido mejor la historia de la región tal vez no hubiese hecho lo que finalmente hizo: matar a los emisarios. Cinco siglos antes, el poderoso gobernante de Jorasmia, Ala ad-Din Muhammad II, ejecutó a los mensajeros de Gengis Jan. El shah acabó pagándolo con su imperio y su vida.

Al mismo tiempo, llegaron rumores al campamento de Nader del avance de un grupo de uzbekos y turcomanos hacia Charjuy con el objetivo de destruir el puente sobre el Oxus. Con la energía que le caracterizaba, el shah montó su caballo de madrugada y, junto con un destacamento de caballería, se dirigió a Charjuy. Nader llegó antes que sus enemigos y ordenó cargar contra ellos cuando aparecieron. Los centroasiáticos no pudieron aguantar el ataque y se retiraron.

Tras descansar algunos días en Charjuy, el ejército de Nader marchó hacia Jorasmia siguiendo el cauce del Oxus. Al llegar a territorio enemigo, tuvieron que hacer frente a algunas escaramuzas con turcomanos de la tribu Yomut, pero Ilbars evitó presentar batalla. El jan prefirió refugiarse tras las murallas de Hazarasp. Al enterarse que la familia y el tesoro de Ilbar se encontraba a unos 30 kilómetros, en Janaga, Nader rodeó Hazarasp y marchó hacia allí. Esta es una táctica que el shah había usado con anterioridad en otras campañas para sacar al enemigo a campo abierto. Una vez más, tuvo éxito.

Derrota de Ilbars II a manos de Nader Shah

Ilbars abandonó la seguridad de Hazarasp y se dirigió a Janaga. Un grupo de su vanguardia formado por turcomanos Yomut y Tekke hostigo al ejército persa pero una vez más Nader Shah lideró un carga para dispersarles. Tras este enfrentamiento, a las puertas de Janaga, Ilbars le dio al shah lo que éste quería: una batalla. El conflicto fue desigual e Ilbars fue derrotado rápidamente antes de encerrarse en la fortaleza. Nader procedió a sitiar Janaga pero antes de que tuviese lugar el asalto final, la guarnición se rindió.

A pesar de la muerte de su jan, Jiva sería la última ciudad en rendirse. En la capital del janato y sus alrededores, Nader encontró multitud de esclavos, muchos procedentes de Jorasán como él mismo. El shah les liberó, les dio dinero, provisiones y caballos y decretó el establecimiento de un nuevo pueblo para ellos al sur de Abiverd (Irán). Nader también se topó con esclavos rusos, algunos de los cuales habían sido capturados durante la fallida conquista rusa de Jorasmia en 1716. La Espada de Persia hizo lo propio con ellos para que pudiesen volver a Rusia.

El Jan de Jiva pidió clemencia pero, tras la protestas de los familiares de los mensajeros asesinados, Nader le sentenció a muerte. Ilbars se excusó, diciendo que los emisarios habían sido ejecutados sin que él lo supiese. “Si no eres capaz de gobernar los pocos súbditos que habitan tus territorios, no mereces vivir”, respondió el shah antes de ordenar que le degollasen. Con Ilbars también perecieron veinte o treinta de sus seguidores, conocidos por lucrarse con el comercio de esclavos.

La ejecución de Ilbars dejó vacante el trono de Jiva. Nader solucionó esto poniendo en su lugar a Tahir Jan, un familiar de Abu al-Fayz Jan de Bujará. El shah abandonó Asia Central con cerca de 4.000 uzbekos para su ejército. Con él también fue el hijo del poderoso atalik Muhammad Hakim, Muhammad Rahim, quien luchó en las posteriores campañas de Nader al frente de una fuerza de 10.000 centroasiáticos. Como veremos más adelante, Muhammad Rahim jugaría un papel clave en la historia de Bujará.

Revueltas y fin del dominio afshárida en Asia Central

La conquista de Bujará y Jiva no pusieron fin a los problemas de Nader Shah en el norte de su imperio.

En 1741, mientras Nader se encontraba de campaña en el Cáucaso, Jorasmia se rebeló. Tahir Jan apenas llevaba seis meses al frente de Jiva cuando sus habitantes se levantaron en armas, contrarios a su sumisión al shah. El jan fue ejecutado. Un líder kazajo, Nuraly Jan, se hizo entonces con el poder en Jorasmia. Al enterarse de estos eventos, Nader envió tropas para restablecer su autoridad. Nuraly huyó y los persas pusieron a un hijo de Ilbars como jan. A pesar de ello, los problemas seguirían emergiendo en la región. El propio sobrino de Nader, Ali Qoli, tuvo que ser enviado en 1745 para sofocar las revueltas.

Bujará también vivió un periodo tumultuoso tras la muerte de Muhammad Hakim. El atalik había sido investido con importantes poderes por Nader y era quien realmente manejaba los hilos en el janato. A raíz de su fallecimiento en 1743 se produjo una revuelta que culminaría en 1745 con la toma de Bujará. El shah envió entonces al hijo del atalik, Muhammad Rahim, al frente de un ejército. Rahim derrotó a los rebeldes y se erigió en el hombre más poderoso de Bujará, con el jan ejerciendo de mero figurante.

El control afshárida de la región desapareció con el asesinato de Nader en 1747, en su Jorasán nativa. Para entonces, el gran conquistador se había convertido en un tirano más y había perdido las cualidades que habían hecho de él un gran militar.

En Jiva, un nuevo jan tomó el poder. El kazajo Kaip Jan fue elevado al trono y gobernó el janato hasta su derrocamiento una década más tarde. Tras él, desfilaron por Jiva una sucesión de janes débiles que apenas duraron escasos de meses o años en el trono. Quienes realmente regían los destinos del janato era una familia de inaks o primeros ministros que en 1804 darían lugar la última dinastía en Jiva: los Kungrat.

En Bujará, el poderoso Muhmmad Rahim se aprovechó del vacío de poder tras la muerte de Nader e hizo ejecutar tanto a Abu al-Fayz Khan como a su hijo de 12 años. En su lugar puso a otro vástago del jan como marioneta, Abdulmumin (r. 1747-51), de apenas 9 años. Muhammad Rahim acabaría por establecer la dinastía Mangudai que estaría al frente de Bujará hasta la conquista soviética en 1920.

Aunque el control de Nader Shah sobre el sur de Asia Central no llegó a la década, el impacto de su conquista en la región todavía se haría sentir en los siglos posteriores. Los eventos desencadenados por su invasión acabarían con el establecimiento de las dos dinastías que dominarían Bujará y Jiva hasta principios del siglo XX.


Para más información:

Axworthy, Michael (2006). The Sword of Persia: Nader Shah, from Tribal Warrior to Conquering Tyrant. Nueva York: I.B. Tauris

Levi, Scott C. (2020). The Bukharan Crisis: A Connected History of 18th Century Central Asia. Pittsburgh: University of Pittsburgh Press

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