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Se acabó el show del antiguo presidente turcomano

Cinco meses después de abandonar la presidencia, Gurbangulí Berdimujamédov ha dejado de ser el centro de atención en favor de su hijo. Parece ser que su rol público está principalmente limitado a tareas domésticas y a lidiar con los mandatarios y visitantes extranjeros en Turkmenistán.

Emperifollado a lomos de un caballo, disparando a blancos disfrazado de comando, levantando arena como piloto de rallies o interpretando su última canción, las excentricidades de Berdimujamédov padre se convirtieron en habituales durante años en la televisión turcomana. Muchas de ellas se volvieron virales en Internet, aunque no por los motivos que a él le hubiesen gustado. Sin embargo, desde que el dictador diese un paso al lado, dichas actuaciones han cesado.

Bicicesto o balonbici (?) inventado por Berdimujamédov padre

En marzo de este año, Gurbangulí entregó la presidencia a su hijo Serdar pero se mantuvo al frente del Halk Maslahaty, la cámara alta de representación. Eso no quiere decir que se apartase del poder, pero lo hizo al menos de forma nominal. Mientras que algunos hechos, como el despido de su poderosa tía Gulnabad o las habituales purgas ministeriales, parecen indicar que Serdar está dejando su propio sello, la mayoría de las cosas apenas han cambiado. Es probable que el padre todavía juegue un papel clave al frente del país o, más importante, proteja a su hijo en el reducido mundo de las élites turcomanas.

Desde que abandonase la presidencia, no hemos visto mucho de Berdimujamédov padre en lo que a sus apariciones excéntricas se refiere. No obstante, la literatura sigue siendo uno de sus pasatiempos y en abril publicó su último libro. El título, El sentido de mi vida, suena como un epílogo a su trayectoria vital. Sus supuestos problemas de salud, incluido el que podría haber causado su misteriosa desaparición en el verano de 2019, seguramente decantaron su decisión de transferir el poder a su hijo.

Además de escribir, a sus 65 años el expresidente pasa el tiempo inspeccionando proyectos de construcción y expresando su opinión en una multitud de temas triviales, desde las puertas para los edificios gubernamentales, al diseño para la tapa de las alcantarillas. Un hobby más para un dictador semi-jubilado que posiblemente dé nombre a una nueva ciudad.

Dando la bienvenida a Putin en Asjabad

En lo referente a las relaciones internacionales, ha tomado un papel parecido al de los reyes en monarquías constitucionales. No es raro que hable por teléfono con mandatarios extranjeros y ejerció de anfitrión durante la Cumbre del Caspio, dando la bienvenida a los presidentes de Rusia, Irán, Kazajstán y Azerbaiyán. Al igual que un jefe de estado con un rol ceremonial, durante la cumbre recibió las llamadas de los presidentes de Uzbekistán, Kirguistán y Tayikistán, quienes le desearon un feliz cumpleaños. Salvando las distancias, el papel de Berdimujamédov se parece en cierta medida al de Nursultan Nazarbáyev antes de las protestas de enero del 2022.

Tras años siendo el centro de atención y alardeando de sus supuestas habilidades, sorprende que Berdimujamédov padre haya decidido dejarlas a un lado. La razón es obvia. El foco debe de estar puesto ahora en su hijo, quien debe construir su propio culto a su personalidad. En ello está. Se le ha visto montando en bici como su padre o yendo al gimnasio, aunque está claro que no tiene el talento para el espectáculo de su predecesor.

Mientras que al padre se le veía disfrutar de dichas actividades, el hijo pareciera preferir estar en el dentista. Aunque es fácil aventurar que no quisiese ser tratado por su padre, que lleva décadas sin ejercer la profesión. Volviendo a Berdimujamédov Senior, uno se pregunta como debe afectar a su ego no ser el centro de todas las miradas tras años presumiendo de ser la pistola más rápida al sur del Amu Daria.

No uno, sino dos Arkadags

Lo que estamos viendo actualmente en Turkmenistán es la emergencia del culto a la personalidad del hijo al mismo tiempo que el padre, cuyo culto llegó a unos límites insospechados en un país con un serio historial de idolatría al líder, sigue vivo. Esta claro que no se trata más de una continuación y se están usando los mismos métodos de estilo soviético. Aparte de Serdar teniendo que hacer los mismos ardides propagandísticos, aunque no tan exagerados como los de su padre, también se le ha concedido una variante del título de su predecesor. Si al expresidente se le conoce como Arkadag (Protector), al actual se le está llamando Arkadagly Serdar.

El tiempo dirá de qué forma convivirán ambos cultos a la personalidad pero, si nos atenemos a lo sucedido estos meses, Berdimujamédov padre se mantendrá ocupado inspeccionando obras mientras que su hijo será la, inexpresiva, cara del régimen turcomano.

Ya han tocado a su fin los días en los que los shows del expresidente le convertían, sin que él lo supiese, en carne de cañón para memes. Solamente lo echarán de menos aquellos internautas, desconocedores de la falta de libertades en el país, a los que divertían sus apariciones surrealistas. Turkmenistán sigue haciendo frente a los mismos problemas que antes, pero esperamos que al menos ahora no sea conocido por los actos circenses de su presidente, sino por los padecimientos de sus ciudadanos.

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