Turkmenistán se une al club túrquico, ¿pero a qué precio?

Finalmente Turkmenistán será miembro de la Organización de Estados Túrquicos. Un objetivo deseado con vehemencia por Ankara, que ha presionado en el pasado para que Ashgabat se uniese a su proyecto. Sin embargo, existen dudas sobre el precio que ha tenido que pagar para lograrlo.

La ciudad uzbeka de Samarcanda será testigo de un triunfo de la política exterior turca en Asia Central. Se espera que durante la cumbre de la Organización de Estados Túrquicos (OET) de noviembre, Turkmenistán se convierta en miembro formal del club. Esto es lo que fue anunciado por el ministro turco de Exteriores, según la agencia de noticias Anadolu. Después de años de negociaciones, Ankara ha conseguido que Ashgabat abandone su posición neutral y se una a la OET.

Desde su creación en 2009 como el Consejo Túrquico, la organización ha tratado, a iniciativa turca, de unir a las naciones túrquicas bajo un solo techo. Turquía, Azerbaiyán, Kazajstán y Kirguistán fueron sus miembros fundadores. A ellos se les unió en 2019 Uzbekistán, que vio en el consejo una forma de diversificar su política exterior bajo la presidencia de Shavkat Mirziyoyev. Turkmenistán mientras tanto mantenía un cierta distancia con la organización.

Aliyev, Berdimujamédov, Erdogan and y durante la cumbre de la OET en 2021

Escudándose en su neutralidad, Ashgabat no se compromete con ninguna de las organizaciones multilaterales que han surgido en los últimos años. Esto a pesar de las insinuaciones turcas. En 2018 comenzaron a circular rumores sobre la posibilidad de que Turkmenistán entrase en el Consejo Túrquico. En 2020, el propio presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, pidió abiertamente a Turquía que se uniese a ellos: “Me gustaría resaltar una vez más que queremos que Turkmenistán sea incluido en el Consejo Túrquico lo antes posible”, declaró entonces.

Al año siguiente, Turkmenistán comenzó a involucrarse más con la organización. En noviembre del 2021, los líderes de los países que componían en Consejo Túrquico se reunieron en Estambul. Entre ellos se encontraba también el presidente turkmeno, Gurbangulí Berdimujamédov. Durante la cumbre, el Consejo Túrquico pasó a llamarse la Organización de Estados Túrquicos. En un movimiento más importante para Asia Central, se anunció que Turkmenistán se uniría cómo observador, una posición de la que ya disfrutaba Hungría.

En el 2022, Berdimujamédov, para entonces ya expresidente, pasó a ser miembro del Consejo de Ancianos de la OET. Esta iniciativa puede verse como un táctica para atraer a Berdimujamédov Senior hacia la organización jugando con su ego. Al fin y al cabo, el anuncio llegó al mes siguiente de que dejase la presidencia de su país. A pesar de su nuevo título simbólico, no acudió a la reunión del Consejo de Ancianos que tuvo lugar este agosto en Kirguistán.

¿Para qué formar parte de la OET?

No está claro que ha llevado a Turkmenistán a unirse finalmente a la organización. La situación geopolítica actual ha cambiado significativamente por la guerra en Ucrania. Es por ello lógico asumir que esto ha sido clave en la decisión de Ashgabat. Al ser miembro de la Organización de Estados Túrquicos, Turkmenistán podría diversificar su política exterior, conectando con Azerbaiyán y Turquía y disminuyendo su dependencia de Rusia.

No obstante, no existen beneficios tangibles de importancia que la OET pueda aportar a Turkmenistán en este momento. No se trata ni de un bloque comercial ni de una alianza militar. Estas interacciones tiene lugar entre sus miembros en un plano bilateral. Por ejemplo, Turkmenistán ya está estrechando sus relaciones con Uzbekistán y Turquía ya es uno de sus proveedores principales de armamento. Del mismo modo, el acuerdo para el desarrollo conjunto del yacimiento de gas en el Caspio con Azerbaiyán también ha tenido lugar fuera de la OET.

La OET provee a sus miembros de una sensación de unidad simbólica por una “turquicidad” común, con un fuerte componente cultural liderado por Turquía. El hecho de que Turkmenistán pase a formar para de la organización representa un cambio significativo a su política de neutralidad y aislacionismo. Pero asumir que esto, u otra consideración de política exterior, es lo que ha empujado a las autoridades turkmenas a unirse a la organización daría por hecho que mejorar la presencia del país en el escenario internacional es su prioridad. Desafortunadamente, ese no es el caso.

El principal objetivo del actual presidente y su predecesor es perpetuarse a ellos mismos, y a las élites que les rodean, en el poder. Todo hace indicar que el régimen turkmeno ha logrado extraer concesiones a Ankara como el precio a pagar para que Ashgabat se una a la OET.

Posibles concesiones turcas

En el 2021, durante protestas de inmigrantes turkmenos en Turquía contra su gobierno, fuentes informaron a RFE/RL de que las autoridades turkmenas habían pedido al gobierno turco que suprimiese las manifestaciones a cambio de unirse a la organización. Las protestas fueron desmanteladas por la policía turca y los activistas turkmenos tuvieron que hacer frente a una mayor presión de las autoridades turcas. Un par de meses más tarde, Turkmenistán pasó a ser observador de la OET.

El mes pasado, el gobierno turkmeno pidió al ejecutivo turco que introdujese visados para sus propios ciudadanos. El objetivo de la restricción era el de evitar que turkmenos abandonasen su país para entrar en Turquía. Ankara aceptó la petición de Ashgabat, a pesar de que en julio el vicepresidente turco negase categóricamente que eso fuese a suceder. Días más tarde, el ministro de Exteriores turco declaró que Turkmenistán pasaría a formar parte de la Organización de Estados Turquía. Al mismo tiempo, las aerolíneas turkmenas anunciaron la reanudación de vuelos con Turquía.

Aunque no es posible verificar que ha habido un acuerdo entre las autoridades de ambos países acerca del precio a pagar por la membresía de Turkmenistán, los tiempos de los anunciados y la información de RFE/RL apuntan en dicha dirección.

Reprimir a disidentes turkmenos en territorio turco no es algo con lo que el gobierno crecientemente autoritario de Erdogan debiera tener grandes problemas. La introducción de un visado para ciudadanos turkmenos, a pesar de su discurso de hermandad túrquica, es un precio que Turquía está dispuesta a pagar para la inclusión de la última nación túrquica que todavía no formaba parte de la OET.

El presidente turco puede ahora presumir de que, con la llegada de Turkmenistán, la Organización de Estados Túrquicos ahora incluye a todos los países túrquicos. Por su parte, el régimen turkmeno debe estar satisfecho con el resultado. Ha logrado beneficiarse del deseo de Erdogan de sumar a su país a la OET y probablemente haya extraído concesiones que benefician sus propios intereses.

Tal y como suele suceder en Turkmenistán, lo que beneficia al régimen es perjudicial para sus propios ciudadanos. Los turkmenos formarán parte de un club túrquico, pero ahora ya no podrán viajar a Turquía, a donde emigran muchos de sus compatriotas en busca de una vida mejor. Una trágica ironía para una nación que no levanta cabeza.

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