Nieto del temido Amir Timur, mecenas , reputado astrónomo y gobernante de la legendaria Samarcanda. Ulug Beg es uno de los personajes más fascinantes de Asia Central, cuyo legado arquitectónico y científico ha perdurado a lo largo de los siglos.
Muhammad Taraghay bin Shahruj, más tarde conocido como Ulug Beg, nació el 22 de marzo de 1394 en la antigua capital ilkánida de Sultaniye, en el norte de Persia, durante una de las campañas de su abuelo. Era hijo del hijo menor del emir Timur (más conocido en Occidente como Tamerlán), Shahruj, y de Gawhar Shad.

Si el nacimiento de Ulug Beg fue una buena noticia para los padres, fue aún mejor recibida en la ciudad de Mardin, en el sureste de Turquía. Timur acababa de conquistar la ciudad, pero al enterarse del nacimiento de su nieto decidió perdonar a su población e incluso liberarla de pagar tributo. Una muestra de piedad poco común por parte del gran conquistador.
No sabemos mucho de la infancia de Ulug Beg. Como era costumbre, fue confiado al cuidado de una de las esposas de Timur, en este caso su principal consorte Saray Mulk Janum. Durante este tiempo, siguió los pasos de su abuelo. Armenia, Samarcanda, Juzar, Kabul, Karabaj, Erzurum… Dondequiera que iba Tamerlán también lo hacían sus esposas y nietos.
Con casi 11 años, Ulug Beg presenció la muerte de su abuelo en Otrar durante las primeras etapas de su campaña contra China. Durante los años siguientes, participaría en la guerra civil que determinaría el sucesor de Timur. Tres eran los contendientes: El propio padre de Ulug Beg, Shahruj, y dos de sus primos, Jalil Sultan y Pir Muhammad. Éste último había sido designado sucesor por Timur, pero fue el primero en caer, siendo asesinado en 1407. Finalmente, en 1409 Shahruj marchó sobre Transoxiana y se convirtió en el gobernante del Imperio timúrida. Cabe destacar que, a pesar de ser comandante nominal de las tropas durante este conflicto, debido a su corta edad Ulug Beg se apoyó en su atabeg o tutor Shah Malik.
Gobernante de Samarcanda
Una vez finalizada la guerra civil, Shahruj confió a Ulug Beg la Transoxiana, mientras él se retiraba a Jorasán para gobernar el imperio desde Herat. Durante los primeros años fue Shah Malik quien estuvo al mando, pero a medida que Ulug Beg crecía su relación con su tutor se fue deteriorando hasta que en 1411 se convirtió en el único gobernante de la Transoxiana, en nombre de su padre.
Aunque hasta la muerte de Sharukh en 1447 se le mencionaba en la jutba y en las monedas acuñadas en Transoxiana, Ulug Beg gozó de gran autonomía, actuando como una especie de virrey. Siguió la costumbre de su abuelo de encumbrar a los descendientes de Gengis Kan como gobernantes nominales, algo que Shahruj nunca hizo en Herat. Asimismo, se autoproclamó gurkan o yerno de Gengis Kan, como había hecho Timur. En muchos aspectos, Ulug Beg estaba más cerca de su abuelo que de su padre. Shahrukh se convirtió en un gobernante según la tradición sultánica, dando prioridad al componente islámico de su gobierno. Debió de ser uno de los pocos timúridas que se abstuvo del alcohol e incluso aprobó la destrucción de bodegas de vino en su capital. Mientras tanto, Ulug Beg era más bien un gobernante turco-mongol como lo había sido Timur.
Mientras que Herat estaba bajo el gobierno más bien puritano de Shahruj, en Samarcanda se festejaba con música y canciones. No sólo Ulug Beg participaba en los banquetes, sino también el estamento religioso representado por el Shayj al-Islam. Esto puso al gobernante en conflicto con los sufíes, en particular los naqshibandis, que le acusaban de despreciar la sharia. Esta tensión entre ambos elementos quedó claramente ejemplificada durante el banquete, con ingesta de vino incluida, que tuvo lugar para celebrar la circuncisión del hijo menor de Ulug Beg. Durante la celebración, el muhtasib encargado de hacer cumplir la Sharia se acercó a Ulug Beg y le recriminó lo siguiente: «Has destruido la fe de Mahoma y has introducido las costumbres de los infieles». A lo que el timúrida respondió «Has ganado fama […] y has llegado a la vejez. Al parecer, también deseas alcanzar el martirio y por eso pronuncias estas palabras, pero no te concederé tu deseo.»
El sultán astrónomo
Bajo Ulug Beg, Transoxiana y, en especial, su capital, Samarcanda, entraron en una nueva edad de oro. Ulug Beg, el mejor representante de lo que más tarde se conocería como el Renacimiento timúrida, hizo de Samarcanda un lugar de aprendizaje. Para ello, construyó una impresionante madrasa que aún se conserva en la plaza Registán de Samarcanda. Este edificio era el centro de aprendizaje de la capital de la región, donde se enseñaban tanto ciencias como teología. Una leyenda del siglo XIX afirmaba que el propio Ulug Beg había enseñado en la madrasa. Aunque esto es poco probable, asistió a las clases de los sabios e hizo sentir su presencia en la institución educativa que apadrinó con entusiasmo.

La madrasa de Samarcanda no fue la única que construyó durante su gobierno en Transoxiana. En la misma época erigió otra en Bujará, que también ha resistido el paso del tiempo. Por desgracia, no se han conservado otros edificios construidos en su capital durante su reinado, como una kanaqah para derviches, baños públicos o una mezquita-catedral.
En su capital, Ulug Beg se rodeó de algunos de los intelectuales y eruditos con más talento de su época. Entre ellos se encontraban astrónomos y matemáticos como Qadi Zada al-Rumi («el Platón de su época»), Ali Qushji («el Ptolomeo de su tiempo») y Jamish al-Kashi. Éste último sería conocido más tarde en Occidente por su ley de los cosenos y por calcular Pi hasta 16 cifras decimales. Todos ellos se beneficiaron del gran observatorio construido en las afueras de Samarcanda en la década de 1420. Este edificio se alzaba a más de 30 metros del suelo y tenía un diámetro de 46 metros. Su sextante tenía un impresionante radio de 40 metros, lo que lo convertía en el mayor instrumento astronómico del mundo. Desgraciadamente, tras la muerte de Ulug Beg, el observatorio fue destruido y en la actualidad sólo quedan sus cimientos.
Además de las ciencias, Samarcanda también se convirtió en un polo de atracción para literatos. El principal poeta de la corte de Ulug Beg era Kamal Badajshi, mientras que había otros que escribían en chagatai en vez de en persa, como Sakkaki y Lutfi. Sabemos que Ulug Beg era un gran lector de poesía e intercambiaba cartas con sus hermanos que gobernaban otras partes del imperio sobre temas literarios. El poeta persa del siglo XII Nizami parecía ser su favorito.
Fomentar el conocimiento y atraer a hombres de ciencias y letras no era una hazaña excepcional. Lo que diferenció a Ulug Beg de muchos otros gobernantes fue su propio interés y sus trabajos en astronomía y matemáticas. Entre otras cosas, consiguió cartografiar 994 estrellas en su tabla astronómica Zij-i Sultani, un logro sólo superado en el siglo siguiente por el astrónomo danés Tycho Brahe. Además, calculó la duración del año sideral con un error de dos segundos, más exacto de lo que llegaría a calcular Copérnico en 1525. En el campo de las matemáticas, también escribió tablas trigonométricas correctas con ocho decimales. No sólo fue un gobernante timúrida, sino un verdadero erudito.
Campañas militares
Durante su reinado en Transoxiana, Ulug Beg no sólo estuvo ocupado con sus descubrimientos científicos, sino que también tuvo que garantizar la seguridad de sus fronteras. Al norte se encontraba la Horda de Oro, gobernada por los descendientes del hijo mayor de Gengis Kan, Jochi. Al este, el territorio de Mogulistán, gobernado por otra dinastía chinggísida. Ulug Beg logró instalar en ambos tronos a sendos protegidos. En teoría, esto garantizaría unas fronteras estables y pacíficas. Pero no fue así.
Shir Muhammad, el gobernante de Moghulistán, no estaba dispuesto a reconocer su dependencia de Ulug Beg y eso bastó para que el timúrida, tras encontrar un pretexto menor, invadiera la región. La campaña comenzó en febrero de 1425, con el ejército de Ulug Beg cruzando el Syr Darya, y culminó meses más tarde en la batalla de Ketmen. En general, la guerra, a pesar de los contratiempos, fue un éxito para el príncipe timúrida, pero no una victoria decisiva. Los timúridas se aventuraron en Mogulistán y derrotaron al enemigo, pero Shir Muhammad permaneció en el poder y los mongoles no fueron sometidos. Siglos más tarde, el resultado más significativo de esta campaña terminó siendo la losa de jade que los timúridas tomaron y que fue utilizada como lápida de Timur en su mausoleo. Se trataba de la misma piedra que el conquistador persa Nader Shah intentaría robar durante sus campañas en Asia Central.

A pesar del moderado éxito de su campaña en Mogulistán, Uluh Beg celebró su victoria y fue recibido en Herat como un conquistador por su padre Shahruj. Tras derrotar a uno de sus vecinos, los acontecimientos en las fronteras septentrionales de Transoxiana hicieron que Ulug Beg volviera la vista hacia la Horda de Oro. La historia estaba a punto de repetirse.
Retrocedamos unas décadas hasta finales del siglo XIV. En ese entonces, el Tamerlán brindó su apoyo a un pretendiente al trono de la Horda de Oro. Tojtamish, que logró convertirse en kan gracias a la ayuda del conquistador, se rebelaría más tarde contra su patrocinador y se convertiría en uno de sus enemigos más formidables. Avancemos ahora hasta 1419. Un joven príncipe llamado Baraq llegó en ese año a la corte de Ulug Beg en Samarcanda buscando apoyo. Su padre, Quyurchuq (r. 1395-97) había sido nombrado por el propio Timur Khan de la Horda de Oro. Ahora su hijo pedía ayuda al nieto de Timur. La obtuvo y en 1423 tuvo éxito y se convirtió en kan. Pero al igual que en el caso de Tojtamish, Baraq pronto se rebeló contra los timúridas.
En 1426, Baraq reclamó las posesiones timuríes alrededor del Syr Darya, incluida la ciudad de Signaq. Al año siguiente, Ulug Beg, acompañado de su hermano Muhummad Juki, marchó contra su antiguo protegido. En una colina cerca de la propia Signaq , el ejército timúrido fue sorprendido y derrotado sin paliativos por una fuerza enemiga menor en número.
La humillación sufrida a manos de Baraq iba a tener un efecto duradero en Ulug Beg. Su campaña contra la Horda de Oro sería la última que emprendería contra una potencia vecina. Los ejércitos que envió posteriormente contra ellos no obtuvieron ninguna victoria resonante y al final de su reinado sus territorios sufrirían incursiones por parte de sus enemigos.
Una segunda guerra civil
Durante 36 años, Ulug Beg gobernó Transoxiana casi siempre en paz, con la excepción de las campañas mencionadas. Pero este periodo de estabilidad llegó a su fin en 1447 con la muerte de su padre. Shahruj no había nombrado heredero ni sucesor, por lo que se desató una guerra civil entre Ulug Beg y su hijo Abd al-Latif contra tres de sus sobrinos que gobernaban partes de Jorasán y Persia.
Tras un año de inestabilidad en el que su hijo Abd al-Latif fue derrotado y encarcelado brevemente por sus primos, Ulug Beg marchó contra ellos en la primavera de 1448. En la batalla de Tarnab, cerca de Herat, las fuerzas combinadas de Ulug Beg y Abd al-Latif derrotaron a uno de los sobrinos. Tras la victoria, el nieto de Timur ocupó Herat. Su hijo avanzaría después tomando otras ciudades de Jorasán, hasta llegar a Astabarad a través de Mashhad y Nishapur. Ulug Beg estaba cerca de la victoria total cuando decidió regresar precipitadamente a Transoxiana tras recibir informes de una incursión del uzbeko Abu’l Khayr Khan. Esto le costaría caro.
El Amu Darya trazó la frontera entre Ulugh Beg y los demás contendientes el trono timúrido. Pero el enemigo más poderoso de Ulug Beg no resultó ser uno de sus sobrinos, sino su propio hijo. Abd al-Latif tenía sus propias razones para estar resentido con su padre. La victoria en la batalla de Tarnab se debió en gran parte a él, pero Ulug Beg alabó entonces a su hijo menor Abd al-Aziz. Más tarde, Abd al-Latif culpó a su padre de no haberle dado suficientes tropas para retener Jorasán. Luego estaba la cuestión de una misteriosa carta. Con Ulug Beg de vuelta en Samarcanda, Abd al-Latif se retiró a sus posesiones alrededor de Balj, donde se enfrentó a una revuelta que terminó sofocando. Según un historiador contemporáneo, entre las posesiones del rebelde, Abd al-Latif se encontró una carta de Ulug Beg instigándole a rebelarse contra su propio hijo. Sea o no cierta esa historia, la guerra terminó por estallar entre padre e hijo.
Un trágico final
Al principio, se produjo una suerte guerra fría con el Amu Darya como frontera natural. Sin embargo, Ulug Beg tuvo que retirarse a Samarcanda. Su otro hijo, al que había dejado al mando, se enfrentaba a una revuelta abierta tras oprimir a los amires. Abd al-Latif aprovechó la situación para cruzar el río. Finalmente, ambos ejércitos se encontraron en el otoño de 1449 cerca de Samarcanda. El nieto de Timur, que había gobernado Transoxiana durante más de tres décadas, fue derrotado por su hijo. Tras buscar infructuosamente refugio en Samarcanda y Shahrukiya, terminó por rendirse.
Abd al-Latif, a petición de Ulug Beg, le permitió peregrinar a La Meca. Pero al mismo tiempo se celebró un juicio que determinaría el destino del antiguo gobernante. Como había hecho su padre, Abd al-Latif entronizó a un kan nominal. Cierto personaje llamado Abbas, cuyo padre había sido asesinado por orden de Ulug Beg, clamó venganza y ésta le fue concedida por el kan. Sin embargo, tal medida no habría tenido lugar sin la aprobación de Abd al-Latif, que utilizó al kan como una mera marioneta. El historiador ruso Vasily Bartold ofrece la mejor descripción de las últimas horas de Ulugh Beg:
“Ulug Beg y el Hajji [su compañero de viaje a La Meca] salieron de Samarcanda al anochecer. Ulug Beg estaba de buen humor y ambos conversaban sobre diversos temas. Tras recorrer una corta distancia, fueron alcanzados un chagatay del clan Sulduz. Éste les ordenó, en nombre del kan, que se detuvieran en una aldea vecina con el propósito, según dijo, de ultimar los preparativos para el viaje de Ulug Beg; éste debía proceder en circunstancias que contaran con la aprobación de «grandes y pequeños, tayikos y turcos». Ulug Beg, muy perturbado por esta orden, se vio obligado a detenerse en la aldea más cercana, donde entró en una de las casas.
Hacía frío, y ordenó encender un fuego y cocinar carne. Una chispa del fuego encendido por los nukars cayó sobre la capa de Ulugh Beg y la agujereó. Ulugh Beg miró el fuego y dijo en turco: sän häm bildin «tú también lo has entendido». Sus pensamientos se tornaron sombríos y el Hajji intentó en vano animarlo.
De repente, la puerta se abrió de golpe y Abbas entró con otro hombre. Al ver esto, Ulug Beg, fuera de sí por la rabia, se abalanzó sobre Abbas y lo golpeó en el pecho con el puño. El compañero de Abbas lo retuvo y le arrancó el «abrigo de piel de Altai» de los hombros. Mientras Abbas fue a buscar una cuerda, el Hajji cerró la puerta con una cadena para que Ulug Beg tuviera tiempo de hacer sus abluciones. Cuando Abbas regresó, Ulug Beg fue atado y arrastrado fuera, mientras que el Hajji y los demás compañeros de Ulugh Beg se escondieron. Abbas sentó a Ulugh Beg cerca de una linterna encendida y lo mató de un golpe de espada.“
Así fue como la vida de Ulug Beg, nieto de Tamerlán y sultán-astrónomo, tocó a su fin. Había gobernado Transoxiana durante casi cuatro décadas convirtiendo Samarcanda, la capital de su abuelo, en un centro de aprendizaje y ciencia, alejado del dogma religioso y el oscurantismo. Es cierto que no fue un líder militar tan talentoso como Tamerlán, pero ya fuera en las dos guerras civiles timúridas en las que participó o en campañas militares en el extranjero, no dudó en liderar a sus hombres en la batalla. Al final, fue su relación con su hijo, conocido como el Padar-kush («el parricida»), la que provocó su caída.
Para más información:
Barthold, Vasily Vladimirovich, Four Studies on the History of Central Asia: Volume II, Ulugh Beg, E. J. Brill (1958)
