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¿De Moscú a Pekín? La supuesta compra de aviones de combate de Uzbekistán

Según informes aún no confirmados, Uzbekistán ha adquirido varias decenas de aviones de combate chinos. Si esto es cierto, como parece ser el caso, supondría un importante giro para la fuerza aérea uzbeka, alejándose de Rusia y acercándose a China.

A finales de julio comenzaron a aparecer informaciones en medios especializados sobre la compra por parte de Uzbekistán de cazas Chengdu J-10C chinos. Pronto comenzaron a surgir más detalles, elevando el número de aviones a 24. A mediados de agosto, imágenes no verificadas difundidas en las redes sociales parecían mostrar un J-10C sobrevolando los cielos uzbekos.

No ha habido ninguna confirmación oficial de la compra de los aviones chinos. En respuesta a las consultas de Kun.uz, el Ministerio de Defensa de Uzbekistán declaró que “no hay información” al respecto.

Mientras esperamos una declaración oficial, no es ningún secreto que la Fuerza Aérea uzbeka estaba buscando alternativas para sustituir sus envejecidos aviones Su-27 y MiG-29 de la era soviética. Los Su-30 rusos y los J-17 chinos parecían ser los principales candidatos, pero ahora parece que otro avión de combate chino podría patrullar los cielos de esta nación de Asia Central.

¿Rusia fuera, China dentro?

Hasta ahora, todo el inventario de aviones de combate de Uzbekistán era de origen soviético, heredado tras la caída de la Unión Soviética. En lugar de buscar una nueva generación de aeronaves rusas con las que modernizar su flota, Uzbekistán ha decidido mirar hacia el este, hacia China.

Pekín no es un desconocido en el arsenal de Uzbekistán. Desde hace una década, China ha estado suministrando a Uzbekistán distintos tipos de armamento, especialmente drones y sistemas de defensa aérea. Los aviones de combate, sin embargo, son un asunto diferente. Con un coste estimado de 60 millones de dólares por unidad, más los costes adicionales de formación, repuestos y otros servicios, la cifra podría acercarse a los 2.000 millones de dólares. Pero, dejando de lado el aspecto financiero, la decisión de Taskent también apunta a un cambio en el ámbito de la seguridad regional.

Rusia, considerada el principal actor externo en materia de seguridad en Asia Central desde la independencia de las repúblicas, ha ido perdiendo gradualmente presencia en la región. La guerra en Ucrania ha estado drenando desde 2022 su capacidad y atención militares, y también ha puesto de manifiesto sus limitaciones militares, tanto en términos de equipamiento como de estrategia. La invasión de Ucrania no ha sido precisamente la mejor campaña de relaciones públicas para las Fuerzas Armadas rusas. La región es muy consciente de ello.

Hay múltiples razones por las que las autoridades uzbekas podrían haber optado por el avión chino. Desde el coste, aunque no difiere demasiado del de sus competidores rusos, hasta sus especificaciones, prestaciones o consideraciones políticas. Pero lo que está claro es que se trata de una mala noticia para Moscú.

Más que señalar que China está simplemente asumiendo el papel histórico de Rusia, la supuesta compra de los aviones de combate sugiere que la diversificación de la política exterior y de seguridad de Uzbekistán se está extendiendo ahora al ámbito del equipamiento militar de alta tecnología. Esta es una tendencia que probablemente continuará y se acelerará. Una cosa es que China, Turquía u otros países suministren armas ligeras, vehículos o drones; los aviones de combate, sin embargo, representan un nivel de cooperación completamente diferente.

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