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Los selyúcidas, sultanes de Oriente y Occidente (1ª parte)

Oriundos de las estepas, los selyúcidas conquistaron un gran imperio que se extendió del Mediterráneo al corazón del Turkestán oriental. A pesar de sus orígenes nómadas, adoptaron la tradición perso-islámica de aquellos que sometieron y abrieron el camino a las dinastías turcomanas que gobernaron Asia central y occidental durante siglos. ¿Cómo pudo esta familia de soldados fundar este gran estado turco?

De las estepas a Manzikert

Los selyúcidas fueron un clan de la rama oguz del pueblo túrquico. Su entrada en la Historia se remonta al siglo X. En esa época. Duqaq y su hijo Selyuq, quien más tarde daría nombre a la dinastía, servían a los jázaros, un estado túrquico al norte del mar Caspio, como mercenarios. Es posible que ambos compartiesen la fe judía de sus patrones, los cuales se cree que se convirtieron al judaísmo. Todavía se desconoce por qué, pero en la segunda mitad del siglo los selyúcidas se rebelaron y abandonaron el territorio jázaro. Liderados por Selyuq, se dirigieron hacia la ciudad de Jand, en el sur del Kazajstán moderno. Allí se convirtieron al islam y se pusieron a sueldo de la dinastía samánida antes de la muerte de Selyuq en 1009.

El Imperio samánida desapareció en el 999 y sus territorios fueron ocupadas por los karajánidas y los gaznavíes. Los selyúcidas, ya con su hijo Arslan Isra’il al frente, se involucraron en la turbulenta historia de Transoxiana y se aliaron con uno de los gobernantes karajánidas, que estaba enfrentado a su hermano. Mientras tanto, los gaznavíes apoyaron al otro hermano y llegaron a capturar a Arslan. Tras este golpe, y rebelarse contra su patrón, los selyúcidas tuvieron que huir. De Transoxiana fueron a Jorasmia y de ahí a Jorasán.

Con Arslan Isra’il en cautividad, estado en el que falleció en 1032, su hermano Musa Yagbu y dos de sus sobrinos, los hermanos Togril y Chaghri, se pusieron al frente del clan. Fue entonces cuando ofrecieron sus servicios a Masud, el nuevo sultán gaznaví. A cambio de vigilar las fronteras de Masud, pidieron quedarse en Jorasán. Masud rechazó la oferta y decidió enfrentarse a ellos. El ejército gaznaví fue emboscado y derrotado en Nasa en 1035, lo que dio comienzo a la conquista selyúcida de Jorasán. Esta fue total tras la batalla de Dandanqan, cerca de Merv en 1040. De poco le sirvieron Masud sus elefantes de guerra. Lo que hasta ese momento no era más que una fuerza de guerreros nómadas había derrotado a la potencia hegemónica en la región.

Batalla de Dandanqan (1040)

Togril, Chaghri y Yagbu se dividieron los dominios selyúcidas. El primero se quedó con los territorios al oeste de Nishapur, mientras que Chaghri se hizo con los del este. Yagbu, el cual no tardó en desaparecer de la Historia, se asentó en Herat. Desde ese momento, fue Togril quien lideraría la expansión selyúcida. El nieto de Selyuq conquistó la meseta iraní y el Iraq árabe, pasando por encima de dinastías locales como los búyidas persas, y fue coronado como sultán por el califa tras su toma de Bagdad en 1055. Tras años más tarde, el abasí le proclamaría “Rey de Oriente y Occidente”.

Las campañas de Togril llegaron hasta el Cáucaso y Anatolia oriental, no con el propósito de anexionarse más territorio sino para mantener la lealtad de sus turcomanos, como también se conocía a los oguz, con pillaje y pastos. De no hacerlo, se levantarían en rebelión.

Togril I, el jefe nómada convertido en sultán, murió en 1063 sin descendencia. Aunque Togril había nombrado como heredero a un hijo de Chaghri, Suleyman, fue su hermano quien se convertiría en el próximo gobernante. La sucesión dinástica en el Imperio selyúcida era siempre complicada. Como marcaban los cánones de la tradición esteparia, tras la muerte del sultán acontecía una lucha por el poder entre sus familiares, del que salía victorioso el más hábil. En este caso, fue Alp Arslan (r. 1063-1072) quien se hizo con el trono. Dejó a un lado a su hermano Suleyman, derrotó a su otro hermano Kavurt y mató en batalla a su tío Kutulmush, hijo de Arslan Isra’il.

Alp Arslan logró unificar los territorios selyúcidas bajo su mando: los de Chaghri en el este y de Togril en el oeste. El sultán pasó la mayor parte de su reinado en la silla de montar, sofocando revueltas y expandiendo las fronteras selyúcidas. En el oeste, entró en contacto con los bizantinos. En 1071, en lo que pasaría a ser uno de los episodios más importantes de la historia para la región, Alp Arslan derrotó al emperador Romano IV en la batalla de Manzikert. Mientras que se trató de combate simbólico, teniendo en cuenta que Romano fue hecho prisionero, no desembocó en el colapso de la autoridad de Constantinopla en Asia Menor. Fue la guerra civil por el trono tras la batalla lo que debilitó a los bizantinos.

Un año después de la batalla de Manzikert, Alp Arslan se embarcó en la que sería su última campaña, en este caso contra los karajánidas de Transoxiana. En el transcurso de la misma, el sultán selyúcida murió asesinado en la ribera del Oxus a manos de un prisionero de guerra. Tenía sólo 42 años.

El sultán y el visir

A Alp Arslan le sucedió en el trono su hijo Malikshah I, no antes de que éste tuviese que derrotar y mandar estrangular a su tío Kavurt. Tal y como era la tradición nómada, que los mongoles y otomanos también seguirían, la sangre real no debía tocar el suelo.

Se considera que el Imperio selyúcida llegó a su apogeo durante el reinado de Malikshah (1072-1092). El sultán lideró a sus ejércitos desde Kashgar, en el este, a Asia Menor, en el oeste. Redujo a los karajánidas al vasallaje, tribus turcomanas expandieron la influencia selyúcida en Siria y un sultanato selyúcida menor, gobernado por los descendientes de Kutulmush, comenzó a tomar forma en Anatolia.

Como era de esperar, Malikshah tuvo que lidiar constantemente con revueltas. Dos de ellas, aunque menores, fueron lideradas por su hermano Tekish. Éste, a quien el sultán puso al frente de Balj (Afganistán actual), se rebeló en dos ocasiones. Tras la segunda, Malikshah ordenó que le sacasen los ojos a Tekish. No hubo una tercera.

A pesar de la expansión territorial, conviene destacar que en las fronteras del imperio tuvo lugar de una manera descentralizada. En muchas ocasiones, grupos de turcomanos liderados por sus propios jefes se adentraban en territorio enemigo y lograban establecer sus propios feudos. Este fue el caso en Siria, con el propio hermano de Malikshah, Tutush, y el líder turcomano Atsiz. También ocurrió lo mismo en Anatolia oriental con el líder turcomano Artuq.

Seljuk Empire at its greatest extent in 1092, upon the death of Malik Shah I.
El Imperio selyúcida tras la muerte de Malikshah I. A destacar las batallas de Dandaqan (1040) y Manzikert (1071). Los karajánidas están como vasallas en un color diferente

Con Malikshah, la naturaleza del gobierno selyúcida empezó a cambiar. El sultán no se pasaba la mayoría del tiempo a caballo, como en época de sus antecesores, y se hizo de Isfahán la capital fija del imperio y la residencia del sultán, seguida de Bagdad. También tuvo lugar una transición hacia un modelo de gestión perso-islámico. Sin embargo, en ambos casos la influencia turca y nómada seguía presente: Malikshah prefería acampar a vivir en un palacio y las tradiciones de la estepa siguieron jugando un papel importante, como también lo hicieron las borracheras.

El principal arquitecto del estado selyúcida durante el reino de Malikshah no fue otro que su visir Nizam al-Muk. El ministro fue hecho visir por Alp Arslan, quien ya le tuvo a su servicio en los territorios de su padre en Jorasán. Pero fue con Malikshah con quien desarrollaría la mayor parte de su carrera. Nizam al-Mulk se embarcó en la transformación de la administración selyúcida, implantando un modelo persa. Al visir también se le conoce por institucionalizar la educación a través de una red de madrazas a lo largo del imperio. Nizam al-Mulk también ha pasado a la historia por su Siyasatnama, un libro dedicado a Malikshah que podría ser comparado con El Príncipe de Maquiavelo.

File:Assassination of Nizam al-Mulk.jpg
Miniatura del siglo XIV sobre el asesinato de Nizam al-Mulk

Parece ser que hacia finales de su reinado, Malikshah empezó a ver con malos ojos el poder que llegó a acumular su visir, que en algunos casos eclipsaba al propio sultán. Finalmente, Nizam al-Mulk fue asesinado a la edad de 74 años, seguramente por la notoria secta ismailí de los Asesinos, aunque en la época también circularon rumores sobre la implicación del sultán. El propio Malikshah, el más grande de los sultanes selyúcidas, afrontó el mismo destino que su visir un mes más tarde, cuando murió estando de caza. En el caso del selyúcida, fue probablemente asesinado por el califa, dado que Malikshah planeaba abolir el califato abasí.

Tras la muerte de Malikshah el imperio se dividió de facto. En el oeste las intrigas, rumores y asesinatos tomaron la corte selyúcida en Hamadán, mientras que en el este Sanjar revivió las fortunas de los selyúcidas y se convirtió en uno de los más grandes sultanes de la dinastía. Exploramos estos y otros muchos acontecimientos en Los selyúcidas, sultanes de Oriente y Occidente (2ª parte).


Para más información:

Peacock, A. C. S. (2015). The Great Seljuk Empire. Edinburgh: Edinburgh University Press.

Grousset, René (1970). Empire of the Steppes. New Brunswick: Rutgers University Press.

1 comment on “Los selyúcidas, sultanes de Oriente y Occidente (1ª parte)

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