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El Imperio jorasmio: de esclavos a sahs (1ª parte)

El Imperio jorasmio de los anushtigínidas es recordado principalmente por su oposición y destrucción a manos de Gengis Kan. Sin embargo, esta dinastía de sangre turcomana fue en su época la gran potencia regional. Emergiendo de los confines del mundo sedentario, sus gobernantes construirían uno de los más importantes imperios de la tradición turco-persa. Su historia, plagada de batallas, asesinatos y conspiraciones, merece ser contada.

De esclavos a sahs

Como muchas otras dinastías de Oriente Medio y Asia Central que surgieron en la Edad Media, los anushtigínidas deben su origen a su habilidad militar. Todo comenzó cuando Anushtigin, un esclavo (mameluco) de la tribu oguz de los Bekdili, fue comprado por un amir selyúcida. Anushtigin destacó en el campo de batalla luchando junto a su dueño. Sus éxitos le valieron un importante puesto en la corte de Malikshah I (r. 1072-1092): el de responsable de los accesorios para el baño y la higiene del sultán selyúcida.

Anushtigin no tardó mucho en convertirse en uno de los hombres de confianza de Malikshah, quien le recompensó nombrándole gobernador militar de Jorasmia en 1077. Situada al sur del mar de Aral, en lo que ahora es Uzbekistán y Turkmenistán, Jorasmia era una región fértil en la frontera septentrional del Imperio selyúcida. A pesar de la importancia de su posición, Anushtigin tenía que rendir pleitesía al gobernador civil de la provincia, un mameluco perteneciente a uno de los hijos de Malikshah.

Jorasmia

Al poco de morir Anushtigin en 1097, su hijo Muhammad I (Qutb ad-Din Muhammad) le sustituyó y fue nombrado gobernador de Jorasmia a todos los efectos. Muhammad adoptó entonces el título de “Sah de Jorasmia”. Es con él con quien se considera que la dinastía anushtigínida comienza formalmente.

Muhammad I fue un administrador capaz y un importante mecenas. Él mismo había recibido una esmerada educación en Merv, la capital de Jorasán. El nuevo sah sirvió lealmente al sultán selyúcida Sanjar, luchando a su lado en las guerras civiles que asolaron a la dinastía a principios del siglo XII. Merece la pena recordar que entonces Jorasmia pertenecía a Sanjar y los jorasmios eran uno de sus vasallos. Tras tres décadas de fiel servicio a su señor, Muhammad I murió en 1127. Sanjar no tuvo dudas sobre quien debería sucederlo: su hijo Atsiz (r. 1127-1156).

Un vasallo rebelde

Atsiz tenía 29 años cuando sucedió a su padre como Sah de Jorasmia. Como él, había sido educado en Merv. Fue un importante mecenas de artistas, científicos y religiosos, y también escribió poesía en persa. Pero Atsiz era principalmente un guerrero aguerrido conocido por su arrojo en el campo de batalla. Sus victorias en nombre de Sanjar le granjearon la simpatía del sultán, a quien acompañó en numerosas campañas. Pero la lealtad de Atsiz no acababa ahí.

En el año 1130 Sanjar lanzó una campaña en Transoxiana (actual Uzbekistán) para sofocar la revuelta de otro de sus vasallos, el gobernador karajánida de Samarcanda. En un momento de reposo cerca de Bujará, el sultán decidió salir de caza, sin saber que algunos de sus sirvientes habían planeado asesinarle. Atsiz prefirió quedarse descansando en el campamento y no ir a cazar. Pero el jorasmio se despertó en medio de la noche y salió a toda prisa a salvar a Sanjar. Rodeado por los conspiradores, el sultán se encontraba en una situación crítica, pero Atsiz llegó justo a tiempo para salvarle la vida. ¿Cómo era posible que supiese sobre la conspiración? Inquirió el seyúcida. “Soñé que una desgracia se cernía sobre el sultán durante la caza, y me apresuré para estar a su lado”, contestó. Sin embargo, pese a este noble gesto, la lealtad de Atsiz no duraría para siempre.

El Sah de Jorasmia se mantuvo fiel a Sanjar durante la primera década de su reinado, durante la cual también afianzó su poder en su territorio. Entonces, en 1138, Atsiz anunció que no rendiría más pleitesía al sultán y lanzó una ofensiva contra los nómadas túrquicos del Jaxartes (actual río Sir Daria) y además se anexionó la región de Mangyshlak (en Kazajstán, a orillas del mar Caspio). Sanjar no podía permitir que uno de sus vasallos más importantes le desobedeciese. Si no castigaba a Atsiz, sus otros vasallos, los karajánidas y los gaznavíes, podrían seguir su ejemplo. El selyúcida se puso al frente de un ejército, marchó al norte y derrotó al jorasmio en la batalla de Hazarasp (Uzbekistán), donde el propio hijo de Atsiz, Atlyk, perdió la vida. Tras capturar Jorasmia, con Atsiz en plena huida, Sanjar entregó la región a uno de sus sobrinos. Pero una vez que el sultán hubo regresado a Merv, Atsiz volvió y echó al gobernador. El sah pidió entonces el perdón del selyúcida. Sanjar se lo concedió.

Tras reconciliarse con el sultán, Atsiz reagrupó sus tropas y continúo lanzando incursiones en tierras vecinas. En 1139, el Sah de Jorasmia llegó a capturar Bujará y matar al gobernador selyúcida de la ciudad. Esta fue la venganza de Atsiz por la muerte de su hijo en batalla el año anterior. El sultán aceptó el quid pro quo. También hay que tener en cuenta que su atención estaba en otro lugar: en el este un grupo de origen mongol pero sinizado, conocido como los kara-kitai, amenazaba sus posesiones en Transoxiana. Esto no evitó que Atsiz se comunicase con el Califa en Bagdad para socavar la autoridad de Sanjar.

Un punto de inflexión tanto para el Imperio selyúcida como para el nacimiento Imperio jorasmio tuvo lugar en 1141 al norte de Samarcanda. Allí, en un lugar llamado Qatwan, los kara-kitai infligieron una seria derrota a Sanjar en una batalla que supuso el principio del fin del dominio selyúcida. Atsiz, haciendo gala de su oportunismo, aprovechó la situación. Saqueó Jorasán así como la capital selyúcida de Merv, haciéndose con el tesoro del sultán. Durante su estancia en la capital llegó incluso a sentarse en el trono de Sanjar.

Atsiz, conocedor del nuevo cariz que tomaba la situación, llegó a un acuerdo con los kara-kitai y comenzó a pagarles tributo. Pero Sanjar no había dicho su última palabra. En 1143-44 volvió a marchar al norte para castigar a su vasallo rebelde. Sin tener que hacer frente a mucha oposición, asedió la capital jorasmia de Gurganj (Konye Urgench, en Turkmenistán). Atsiz imploró el perdón del selyúcida y éste lo aceptó de nuevo. Volvió a Merv con su tesoro, pero el jorasmio no se rendiría tan fácilmente. Incapaz de derrotar a Sanjar en el campo de batalla, Atsiz probó otra manera de acabar con él y envío a dos asesinos para matar al sultán. Pero los ismailíes fueron descubiertos y ejecutados.

Una vez más, Atsiz decidió expandir su territorio. Esta vez el objetivo fue la importante ciudad de Jand (sur de Kazajzstán). De nuevo Sanjar marchó hacia Jorasmia para meter en vereda a su vasallo y sitió Gurganj en 1148. Y otra vez, por sorprendente que pueda parecer, perdonó a Atsiz. Sería la última vez. El sultán aceptó la realidad de que un nuevo reino había surgido al norte, uno que rendía tributo a los kara-kitai.

Tras la derrota de Sanjar a manos de los turcomanos, Atsiz intentó formar una coalición anti-oguz en favor del selyúcida, pero su muerte en 1156, a la edad de 61 años, acabó con el proyecto. Su antiguo señor fallecería en Merv al año siguiente.

El nacimiento del Imperio jorasmio

Atsiz fue sucedido por su hijo Il-Arslan (r. 1156-1172) después de que éste llevase a cabo la típica purga: cegó y encarceló a su hermano pequeño, ejecutó al atabek de éste, así como a su propio tío y otros nobles que intentaron poner en el trono a su hermano. Una vez hecho el trabajo sucio, se centró en el gobierno. Tras la muerte de Sanjar, los jorasmios dejaron de pagar tributo a los selyúcidas. Ambas dinastías estaban ahora al mismo nivel. Pese ello, sí que siguieron siendo tributarios de los kara-kitai.

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Coronación de Il-Arslan

Durante el reinado de Il-Arslan, el Imperio jorasmio vivió una época expansión territorial. Primero, el sah recuperó Jand y Mangyshlak, al norte. Más tarde, en la década de 1160, aprovechándose del debilitamiento selyúcida en Jorasán, lanzó varias campañas en la región y conquistó importantes ciudades como Dehistán (Turkmenistán) y Nishapur (Irán). Una vez hubo asegurado su control sobre parte de Jorasán, Il-Arslan comenzó a entrometerse en los asuntos de los selyúcidas que todavía gobernaban la parte occidental del imperio. Sus ejércitos se adentraron entonces en territorio enemigo, saqueando ciudades como Qazvin. No obstante, en el Este la situación era más compleja.

En 1158, el gobernante karajánida de Samarcanda, tributario de los kara-kitai, derrotó y expulsó de sus dominios a los carlucos, una confederación tribal de origen túrquico que había asesinado a su predecesor. El líder carluco buscó refugio en Jorasmia y pidió ayuda a Il-Arslan. Esta era la oportunidad que el sah estaba esperando para intervenir en Transoxiana. En julio de ese mismo año, Il-Arslan cruzó el Oxus (Amu Daria) al frente de un gran ejército. En respuesta, los kara-kitai acudieron en defensa de su vasallo. Lo que sucedió a continuación no está claro. Según Buniyatov, una batalla tuvo lugar a orillas del río Zaravshan y los jorasmios resultaron victoriosos. Otros historiadores no mencionan dicho combate. Lo que sí sabemos es que los kara-kitai y los jorasmios terminaron por firmar una tregua. Gracias a ella, Il-Arslan logró extender su influencia en Trasoxiana, incluyendo en las importantes ciudades de Bujará y Samarcanda.

Mausoleo de Il-Arslan

Pero los kara-kitai no se rendirían tan fácilmente. En 1171 cruzaron el Oxus e invadieron Jorasmia. Cuando Il-Arslan tuvo conocimiento de la invasión, ordenó abrir los diques de irrigación que rodeaban Gurganj para anegar el terreno. El sah se retiró entonces a Amul (Turkmenabat, Turkmenistán) y, enfermo, envió a un general para hacer frente a los kara-kitai. Los invasores derrotaron a los jorasmios, que volvieron a rendir vasallaje a los kara-kitai. Il-Arslan murió poco tiempo después en Gurganj, donde todavía puede verse su mausoleo. Lo que siguió fue una lucha fraternal por el trono.

Un Juego de Tronos en Jorasmia

Antes de morir, Il-Arslan nombró a su hijo menor, Sultán Sah, como sucesor. Sin embargo, fue la madre de Sultán Sah, Terken Jatun, quien ejercía el poder. El hijo mayor, Tekish, pidió ayuda a los kara-kitai para hacer frente a su hermano. El gobernante kara-kitai aceptó la petición y Tekish marchó hacia Gurganj al frente de un ejército de su señor. Conscientes de que la victoria era imposible, madre e hijo huyeron al sur, hacia Jorasán. Tekish se coronó Sah de Jorasmia. Pero aquello no era más que el principio.

En Jorasán, Terken Jatun y Sultán Sah contaron con el apoyo de un potentado local, y los tres marcharon al norte para hacer frente a Tekish. En una batalla cerca de Gurganj, y gracias a una traición, Tekish derrotó al enemigo. Madre e hijo huyeron del campo de batalla. Algún tiempo más tarde, Terken Jatun, quien también era la madre de Tekish, fue capturada y ejecutada. Mientras tanto, Sultán Sah encontró refugio con los gúridas, una potencia creciente en la zona del Afganistán actual.

Tekish decidió entonces deshacerse del yugo de los kara-kitai. Acusando a unos emisarios kara-kitai de mal comportamiento, los hizo ejecutar. Décadas más tarde, su hijo haría lo mismo con enviados mongoles, aunque el resultado sería muy diferente. Los kara-kitai enviaron un ejército para someter a su vasallo rebelde. Cabalgando entre ellos se encontraba Sultán Sah. Sin embargo, como hiciese su padre unos años antes, el jorasmio inundó los campos de Gurganj. Los kara-kitai, conscientes de la dificultad de atacar la capital, decidieron retirarse, dejando a Sultán Sah al mando de un contingente. El hermano de Tekish se dirigió entonces a Jorasán y, gracias a sus soldados kara-kitai, logró hacerse con su propio principado en la región alrededor de Merv. La presencia de Sultan Sah en Jorasán sería una constante amenaza para Tekish y condicionaría sus actos hasta la muerte del hermano menor en 1193.

Con las regiones de Jorasmia, Transoxiana y Jorasán bajo su control, Tekish centró su atención en la Persia occidental. Era allí donde la dinastía selyúcida estaba resurgiendo bajo al liderazgo de Tughril III. El jorasmio marchó hacia el oeste y en 1194 derrotó al selyúcida en la batalla de Ray (cerca de Teherán), en la que el propio Tughril perdió la vida. Los anushtigínidas, que empezaron sirviendo a los selyúcidas y fueron sus vasallos durante décadas, fueron los encargados de darle el golpe de gracia a la dinastía. Tras la muerte de Tughril, las puertas de Persia occidental se abrieron para los jorasmios, quienes también lanzaron una campaña contra los ismailíes de Alamut. En respuesta, éstos asesinaron al visir de Tekish. No era la primera, ni sería la última, víctima ilustre de los hashshashin

Mausoleo de Tekish

El Sah de Jorasmia falleció poco después, en 1200. Tras dos décadas de guerra civil, expandió significativamente las fronteras del imperio. Desde un punto de vista administrativo, Tekish centralizó el estado, con un aparato burocrático conocido por su severa disciplina. Pero por encima de todo, Tekish fue un guerrero que lideró a sus tropas en el campo batalla. Tal y como él mismo decía: “si un soberano no manda a su ejército en persona, es incapaz de gobernar el país, pues se parecería a una mujer.”

Pese a su bravuconería, su propia mujer era de armas tomar. Terken Jatun, llamada como la propia madre del sah, era la hija de un kan kipchak y jugaría un papel clave en la historia del imperio. Era, sin lugar dudas, una persona con una fuerte personalidad que no estaba dispuesta a tolerar el comportamiento de su marido, tal y como indica la siguiente anécdota: Tekish era aficionado a pasar el tiempo en los baños con sus concubinas, algo que enfadaba de sobremanera a Terken Jatun. En una ocasión, tal fue su enojo, que atrancó la puerta del hamam, dejando al sah encerrado dentro. De no ser por la intervención a tiempo de un esclavo, que logró abrirla, Tekish habría muerto de aquella manera. 

El segundo Alejandro Magno

Tekish nombró a su hijo Muhammad II (Qutb ad-Din Muhammad) como sucesor, y éste no tuvo que hacer frente a un conflicto civil como su padre. Sin embargo, el nuevo sah sí tuvo que enfrentarse a la amenaza de los gúridas al poco de subir al trono.

Los gúridas eran una dinastía de origen iranio cuyas posesiones en ese momento se extendían por los actuales Afganistán, Pakistán e India. Tras la muerte de Tekish, los gúridas invadieron y conquistaron Jorasán. Una vez hubo afianzado su poder en Jorasmia, Muhammad II marchó al sur para recuperar Jorasán. Las campañas contra los gúridas ocuparían la mayor parte de los primeros años de Muhammad como sah, y a punto estuvieron de costarle el trono.

En 1204, el sultán gúrida Shihab ad-Din (también conocido como Muhammad de Gor) decidió tomar Gurganj. Siguiendo la tradición familiar, Muhammad II inundó los campos alrededor de la capital. Un mes más tarde, cuando el terreno se hubo secado, tuvo lugar la batalla en la que los jorasmios fueron derrotados y terminaron por encerrarse tras los muros de Gurganj. Los gúridas sitiaron la ciudad. La situación era crítica. Desperado, el sah envió mensajeros a sus amires y a sus vecinos pidiendo refuerzos. Pero fue su madre, Terken Jatun, quien jugó un papel clave en el asedio de Gurganj, organizando la defensa y armando a sus habitantes. Los kara-kitai, a quienes Muhammad había pedido ayuda, entraron entonces en escena. Shihab ad-Din se vio forzado a levantar el sitio para posteriormente ser derrotado por los kara-kitai en la batalla de Andhvoy (noroeste de Afganistán), a orillas del Oxus. La amenaza gúrida desaparecería en 1206 con la muerte de Shihab ad-Din. A partir de ese momento, los gúridas se convirtieron en vasallos de los jorasmios, hasta que en 1215 Muhammad decidió acabar con ellos de una vez por todas.

Los kara-kitai, pese a haber salvado al sah, serían los siguientes. En 1207, Muhammad II lideró una expedición a Transoxiana. El jorasmio llegó a tomar Bujará pero acabó siendo derrotado en batalla. Tras el combate, se perdió el rastro del sah. ¿Había caído luchando junto a sus hombres? Nadie lo sabía. De hecho, sin que sus captores lo supiesen, había sido hecho prisionero. Logró engañar a los kara-kitai haciéndose pasar por el sirviente de uno de los amires capturados, el cual colaboraba con su soberano en la treta. Un año más tarde pudo escapar cuando su supuesto señor le envió como mensajero para el pago de su rescate. O al menos esa es la historia que nos ha llegado del historiador Ibn a-Athir.

En 1210 Muhammad II volvió a enfrentarse a los kara-kitai. Esta vez fue más allá, cruzó el Jaxartes y derrotó a los kara-kitai. El sah llegó hasta Uzgen (Kirguistán), mucho más lejos que sus antecesores. La inestabilidad interna de los kara-kitai durante dicha década, terminando con la conquista mongola en 1218, permitió a Muhahmmad expandir su control sobre la región. Shash (actual Tashkent, capital de Uzbekistán) fue una de las víctimas del jorasmio, el cual ordenó su destrucción. A Samarcanda le fue mucho mejor, y en 1212 se convirtió en la capital en detrimento de Gurganj.

En el oeste las cosas no fueron tan bien. Muhammad II quería que el Califa le reconociese como el Sultán del Islam, pero Al-Nasir, desde Bagdad, declinó la petición. En su día, había estado en contacto con los gúridas, instándoles a atacar al sah. Los jorasmios encontraron las cartas califales buceando en los archivos gúridas en Gazni. Poseído por la ira, Muhammad reunió una gran fuerza y marchó hacia Bagdad. Sin embargo, el frío y la nieve diezmaron al ejército en el paso de Asadabad (Irán occidental) y los jorasmios se retiraron. La conquista de Bagdad podía esperar. Algo más importante sucedía en el este…

En este momento, el Imperio jorasmio se encontraba en su época de máximo esplendor. En menos de dos décadas desde que sucediese en el trono a su padre, Muhammad II había conquistado Transoxiana, parte de la estepa y Jorasán, se había quitado el yugo de los kara-kitai y había eliminado la amenaza gúrida. Los dominios del Sah de Jorasmia se extendían desde la orilla occidental del mar Caspio al valle de Fergana, desde el mar de Aral al golfo Pérsico. No sorprende que decidiese darse a sí mismo el título de Iskandar-i Thani (El segundo Alejandro Magno). Al parecer, llamarse Sultán Sanjar, en referencia al selyúcida, no era suficiente. Pero pronto empezaron a verse las grietas en el dominio jorasmio.

El Imperio jorasmio en su punto más álgido durante el reinado de Muhammad II

A pesar de sus éxitos militares y títulos, la autoridad de Muhammad II no era para nada absoluta. Su madre, la kipchak Terken Jatun, detentaba un poder importante, llegando en varias ocasiones a anular órdenes y decretos de su hijo. Era ella quien detentaba el poder militar, ya que un número importante de los comandantes pertenecían a su propia tribu. Cuando Muhammad decidió trasladar la capital a Samarcanda, su madre se mantuvo en Gurganj, rodeada de su propia corte en la que despachaba con oficiales y dignatarios. Al mismo tiempo que el Imperio jorasmio crecía, también lo hacían sus posesiones. A petición de Terken Jatun, Muhammad II nombró a su hijo Ozlak Sah como heredero, en detrimento de otro vástago mayor y más capaz como Jalal ad-Din, y le entregó Jorasmia, Jorasán y Mazandarán. Esta diarquía aparente acabaría socavando al estado justo en el momento en el que tendría que hacer frente a su mayor desafío, pues en el este una tempestad tomaba formaba…

Si quieres saber qué pasó después, haz click en El Imperio jorasmio: colapso y resistencia (2ª parte)


Para saber más:

Buniyatov, Z.M. (2015). A History of the Khorezmian State under the Anushteginids, 1097-1231. Samarkand: International Institute for Central Asian Studies (IICAS)

Grousset, René (1991). El imperio de la estepas. Edaf

2 comments on “El Imperio jorasmio: de esclavos a sahs (1ª parte)

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