Como exploramos en Los tesoros ocultos de Turkmenistán (1ª parte) y Los tesoros ocultos de Turkmenistán (2ª parte), el país centroasiático posee un rico patrimonio que merece la pena explorar y sobre el que merece la pena leer. En esta tercera parte exploraremos otros tres lugares: una fortaleza que sufrió la ira de Gengis Kan, una ciudad medieval amurallada bien conservada y un antiguo mausoleo.
La próspera ciudad arrasada por los mongoles
Históricamente, Asia Central ha sido una región codiciada por los conquistadores y por ello se convirtió en el núcleo de múltiples imperios, como el selyúcida, el jorasmio o el shaybánida. Fundadores de imperios como Amir Timur (Tamerlán) y su descendiente Babur se hicieron un nombre en batallas y asedios en la región, a veces causando estragos entre sus habitantes. Pero ninguno puede compararse con Gengis Kan y la ola de destrucción y pérdida de vidas que sus tropas desataron en Asia Central. En el noreste de Turkmenistán, cerca del río Amu Darya, todavía existe un testigo de tal devastación.
En las afueras de la actual Turkmenabat se alzan las ruinas de una fortaleza medieval que osó oponerse a los ejércitos mongoles. Elevándose a más de 20 metros de altura, aún se distinguen los muros derruidos que rodean una superficie de 9 hectáreas. Eso es todo lo que queda del otrora próspero asentamiento de Amul. La ciudad debe sus orígenes, probablemente, al Imperio Kushan y hay pruebas de que estuvo ocupada durante los siglos I y IV. Tras un paréntesis de decadencia, renació con la conquista árabe. El califato abbasí del siglo IX valoraba por encima de todo la ubicación privilegiada de Amul.
Situada a pocos kilómetros de uno de los ríos clave de la región, el Amu Darya (Oxus), Amul se convirtió en un puesto comercial clave durante la época medieval. Las caravanas cargadas de mercancías que viajaban de Merv a Bujará pasaban en su gran mayoría por Amul. La ciudad prosperó gracias al comercio. Contaba con un shajristán (complejo fortificado) que abarcaba también un ark (ciudadela), mientras que los suburbios residenciales (rabad) cubrían una superficie de 150 a 175 hectáreas. Pero Amul no prosperaría por mucho tiempo.
A finales de 1219, Gengis Kan invadió el Imperio Khorezmio. Amul resistió a los invasores y por ello, como era habitual, fue arrasada por los mongoles en 1220 ó 1221. Amul nunca se recuperó de la destrucción. Unos siglos más tarde, al norte y más cerca de la ribera del río su lugar fue ocupado por la ciudad de Chaharjuy (Chardzhou). Tras la independencia de Turkmenistán, la ciudad cambió de nombre y se convirtió en Turkmenabat.
A pesar de la destrucción mongola, algunas partes de Amul resistieron el paso del tiempo. El rabad se perdió, pero las murallas del complejo fortificado han llegado hasta nuestros días y se yerguen dominando las tierras circundantes. En su interior, los restos de la ciudadela de 33 metros de altura y sus 5 torres aún son visibles en su esquina noroeste. Excavaciones recientes han desenterrado diferentes monedas, cerámica, vidrio y utensilios de la época kushan, pero gran parte del territorio dentro de la fortaleza permanece inexplorado. Aunque quizá no sea tan impresionante como otros asentamientos medievales de Turkmenistán, Amul destaca como un vívido vestigio de la devastación que sufrió la región en el siglo XIII.
El Castillo Blanco de los turcomanos
La destrucción provocada por los mongoles fue, paradójicamente, el origen de nuestro siguiente yacimiento. Cuando los ejércitos liderados por los hijos de Gengis Kan destruyeron los sistemas de irrigación y las presas del Amu Darya durante su conquista de la capital jorezmia de Gurganj, el agua empezó a fluir por antiguos cauces y canales desecados. Se formó el Daryalyk, una arteria de agua que ayudó a convertir una región antes árida en una zona de campos agrícolas y sistemas de regadío. Los turcomanos de la tribu Adakly Jyzyr que vivían en los alrededores aprovecharon la situación y a finales del siglo XIV surgió una nueva ciudad fortificada junto a uno de los canales principales.
La ciudad, conocida en la Edad Media como Adak, aparece mencionada en algunos episodios clave de la historia de la región en el siglo XV. En primer lugar, el bisnieto de Amir Timur, Huseyin Bayqara, se refugió en Adak durante sus guerras con el gobernante timúrida de Samarcanda y utilizó la ciudad como base de operaciones. Años más tarde, Huseyin Bayqara se convertiría en el gobernante del Imperio Timúrida desde su capital de Herat y propiciaría un renacimiento cultural. Unos años más tarde, el fundador del estado shaybánida que se convertiría en el janato de Bujará, Muhammad Shaybani, conquistó Adak, una hazaña que nadie había sido capaz de lograr anteriormente.
Adak siguió siendo un asentamiento relevante durante un siglo hasta que la misma razón que lo favoreció se convirtió en un problema: el agua. A medida que el Daryalyk empezó a secarse, también lo hizo el sustento de sus habitantes y en el siglo XVII la ciudad fue abandonada. Es difícil imaginar que la zona ahora tomada por las arenas del desierto del Karakum y los arbustos resistentes a la sequía de esta remota y árida zona de la región de Dashoguz, al norte de Turkmenistán, fuera antes un próspero asentamiento con campos de regadío y vegetación.
El nombre de la ciudad se olvidó durante siglos y los lugareños empezaron a referirse a sus ruinas como Ak Kala (Castillo o Fortaleza Blanca), un topónimo común en la región. Lo que queda es una impresionante estructura fortificada. Los lados de la fortaleza miden 280 metros de largo y están salpicados a intervalos regulares por torres en forma de herradura; toda la fortaleza está rodeada por un foso. Los muros de adobe miden seis metros de alto y más de dos de ancho. Por si esto no fuera suficiente para mantener a raya a los atacantes, los defensores podían disparar flechas desde las plataformas de tiro y las saeteras que aún pueden verse. En una etapa posterior, para acomodar a la creciente población, se añadió una estructura defensiva adicional en el noroeste, siguiendo el mismo plan.
Ak Kala (o Adak) está extraordinariamente bien conservado y ha resistido los efectos de la erosión y el abandono. Además, sólo se han realizado excavaciones superficiales en el yacimiento, por lo que sus secretos permanecen enterrados, a la espera de ser descubiertos en el futuro.
El lugar de descanso de de un santo sufí
Ningún artículo sobre el patrimonio histórico de Turkmenistán está completo sin incluir un mausoleo medieval. En este caso, el monumento se encuentra en la ciudad de Sarajs, justo al lado de la frontera iraní, y su ocupante fue un místico sufí llamado Abul Fazl que murió en 1023.
Aunque Abu Fazl murió durante el periodo gaznávida, se cree que su mausoleo se construyó unos años más tarde, bajo el dominio selyúcida. La tumba sobrevivió a la invasión mongola, aunque no así Sarajs. Sus muros en ruinas aún vigilan el mausoleo y el cementerio contiguo. En el siglo XV, bajo el gobierno de Shahruj, hijo de Tamerlán, se restauró la estructura.
La tumba es de planta cuadrada y está cubierta por una cúpula. La tumba del sufí está en el centro del edificio, aunque fuera hay otras lápidas. Las paredes están decoradas con nichos, pero, por desgracia, no se conserva ningún azulejo de colores.
Turkmenistán es un país con un rico patrimonio histórico, pero que permanece fuera del alcance de la mayoría. Es un país con un potencial turístico sin explotar que espera ser explorado, y uno espera que las autoridades se den cuenta de ello algún día y permitan a los visitantes disfrutar libremente de su impresionante patrimonio, como pueden hacer actualmente en el vecino Uzbekistán.
