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La ‘nueva normalidad’ en la frontera entre Tayikistán y Kirguistán

Desde el enfrentamiento entre Tayikistán y Kirguistán en la primavera del 2021, la situación a lo largo de la frontera sigue siendo inestable y ya nos hemos acostumbrado a informaciones sobre tiroteos y bajas. A pesar del conflicto del año pasado, los problemas entre ambos países siguen sin resolverse.

Casi todos los meses. Esta es la frecuencia de los incidentes con disparos, e incluso fuego de mortero, entre las fuerzas fronterizas tayikas y kirguizas en el 2022. En el mejor de los casos, no hay víctimas mortales. En el peor, fallecen militares o civiles. Un año después del conflicto que dejó 55 muertos y más de 200 heridos, el riesgo de que un escenario así se repita sigue siendo muy real.

Enero fue un mes lleno de acontecimientos debido a las protestas que sacudieron Kazajstán. Apenas se había disipado el humo en Almatí cuando un enfrentamiento fronterizo entre Tayikistán y Kirguistán volvió a poner el foco en la región. Como es habitual, ambos gobiernos se culparon mutuamente del incidente, que dejó dos civiles tayikos muertos y forzó el desplazamiento de 24.000 kirguizos. Biskek acusó a Dusambé de usar morteros y lanzagranadas, mientras que los tayikos dijeron que los kirguizos habían violado su espacio aéreo con drones. Al final, se acordó un alto el fuego.

Menos de dos meses más tarde, el 10 de marzo, tuvo lugar otro enfrentamiento. En este caso, en la municipalidad tayika de Chorku. Un altercado verbal entre guardias fronterizos desencadenó en un intercambio de disparos que mató a un soldado tayiko e hirió a otros dos.

Al mes siguiente, en el 12 de abril, dos tiroteos sucesivos tuvieron lugar en el pueblo kirguizo de Maksat. A un primer enfrentamiento le siguió un segundo cuando se estaba dialogando para apaciguar los ánimos.

En junio, hasta el momento, han ocurrido dos incidentes más. En el tercer día del mes, mientras el presidente de Tayikistán se encontraba de visita oficial en el vecino Uzbekistán, las fuerzas de ambos países intercambiaron disparos cerca del enclave tayiko de Voruj. Luego, el 14 de junio, otra escaramuza acabó con la vida de un recluta tayiko en el mismo Voruj.

Aprender del pasado

La frontera entre Tayikistán y Kirguistán ha sido escenario de conflictos entre los vecinos desde su independencia hace más de tres décadas. Sin embargo, la intensidad y regularidad de los mismos ha aumentando significativamente en el 2022. Este año hemos sido testigos de cinco episodios de violencia entre ambos países, o seis según como contemos el de abril.

El conflicto de abril-mayo del 2021 debió haber servido de aviso para las autoridades tayikas y kirguizas. Lo que empezó como un altercado menor debido a la distribución del agua, desembocó en algo mucho más serio. Y esto es algo que puede volver a suceder.

Tras el enfrentamiento del año pasado, se han producido algunos avances, aunque de poco calado. Días después del conflicto, tayikos y kirguizos firmaron un protocolo conjunto y en febrero de este año una comisión se puso manos a la obra para resolver los desacuerdos. Pero todavía cerca de la mitad de los 971 kilómetros de la frontera entre Tayikistán y Kirguistán sigue sin estar definida. A esto hay que añadirle la complejidad del exclave de Voruj, una isla de territorio tayiko rodeada por Kirguistán.

A pesar de los alto al fuego, los protocolos y las comisiones, los episodios de violencia han continuado sucediéndose en la frontera. Estos meses, los gobernadores locales y comandantes suelen entablar un diálogo nada más producirse los tiroteos para evitar que las escaramuzas vayan a más. Pero estas acciones no son más que meros parches que no resuelven el problema a largo plazo ni evitan que se sigan produciendo enfrentamientos.

¿Una ‘carrera de drones’?

Mientras que ambos países han avanzado poco en una solución pacífica a los problemas fronterizos, sí han tenido más éxito a la hora de armarse este último año. Kirguistán, que se llevó la peor parte en la primavera del 2021, reaccionó comprando drones turcos Bayraktar, al igual que todoterrenos acorazados para su servicio fronterizo. Tayikistán también miró hacia Turquía y, para preocupación de Biskek, este año se informó de que también había adquirido los mismos drones. Sin embargo, al final Dusambé producirá los drones iraníes Ababil-2.

No hay nada malo en que Tayikistán y Kirguistán actualicen su inventario armamentístico, incluyendo vehículos aéreos no tripulados. Son naciones soberanas y tienen el derecho a defenderse. El problema es la razón detrás de estas decisiones. Tayikistán siempre puede citar Afganistán y la existencia de grupos militantes como justificación, pero no hay garantías de que no use su nuevo armamento en un eventual conflicto con Kirguistán. Lo mismo ocurre con Biskek, aunque éste no tiene el factor afgano de su parte.

Si no cambia la situación en lo referente a la demarcación fronteriza y a las relaciones entre ambos países, algo que parece poco probable, los enfrentamientos violentos a lo largo de la frontera tayiko-kirguiza continuarán sucediéndose. Los tiroteos mensuales se están convirtiendo en algo habitual, y podrían ir a peor como en el 2021. Esta parece la desafortunada ‘nueva normalidad’ entre Tayikistán y Kirguistán.

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